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Magazine La Vanguardia
“¡Pero qué manía! Esta Marcelina siempre me pone la mesa del ordenador en diagonal cuando viene a limpiar. Yo simplemente la quiero perpendicular a la mesa y paralela a la librería. ¿Será mucho pedir que lo entienda? Además le da por poner el ratón a la izquierda y el teléfono a la derecha; me cambia el cenicero de lugar y hace montoncitos antiestéticos e irregulares con mis documentos. No tiene idea de cuánto me irrita. De la semana que viene no pasa. Indemnización y fuera!”. Evidentemente, nunca se materializan sus maldiciones, pero la indignación persiste y no sólo con la Marcelina, como es de esperar. Porque su exasperación sobrepasa las hostilidades con la Marcelina ya que nace de la discrepancia entre sus ideales de perfección y el simulacro de perfección que tiene que tolerar en su día a día.
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Revista Clara
La noche es testigo de su desasosiego. La repetición de las jugadas del día pasado y la prospectiva del día siguiente compiten en su cabeza, despertando todo un repertorio de emociones variadas. La inquietud se aquieta cuando las sigilosas pisadas noctívagas dan con la nevera. Ahí empieza “la grande bouffe”, el ágape pantagruélico. El mismo se repugna al verse comer. Eso no es comer, es engullir. No podría imaginarse comiendo de esa manera frente a otra persona.
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La Vanguardia. Suplemento Ciencia.
Un diez por ciento de la población general sufre un temor intenso que le provoca trastornos físicos y psicológicos. Pocas personas se han librado de sentir cierto recelo ante la inminencia de un viaje en avión. Pero hay casos en que una leve preocupación se convierte en una fobia que causa trastornos físicos y psicológicos. Las personas con aerofobia evitan en lo posible subir a un avión, y , en casos ineludibles, recurren a fármacos o alcohol para superar un miedo al que no son capaces de enfrentarse. Sin embargo, afrontar ese temor es la mejor fórmula para conseguir deshacerse de él.
El miedo a volar es una emoción que se experimenta cuando se utiliza el avión como medio de transporte. Esta emoción se convierte en patológica cuando produce reacciones físicas y psicológicas de tal intensidad que inducen a ciertas personas a eludir sistemáticamente los viajes en avión. Esto, a su vez, llega a interferir gravemente en la vida profesional, afectando negativamente las oportunidades laborales, así como el funcionamiento familiar y social. Aunque la estimación real del miedo a volar presenta muchas dificultades debido a que la mayoría de la población no emplea este medio para viajar, un estudio epidemiológico acerca de las fobias en Estados Unidos informa que este tipo de aprensión afecta a un 10% de la población con intensidad severa y a un 20% de un modo más moderado. Por otra parte, también en EE.UU. se observó que esta patología causó en el año 1982 una pérdida de 1.600 millones de dólares al sector de la aviación comercial.
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Para muchos y muchas, el hecho de ser capaces de viajar sin compañía significa casi un signo de emancipación psicológico-social. Cuentan la proeza como una experiencia religiosa, un rito iniciático.
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Magazine La Vanguardia
La preocupación excesiva por la salud es un trastorno de ansiedad muy relacionado con las obsesiones.
La ansiedad es una respuesta normal y necesaria que forma parte del repertorio humano y que tiene como finalidad alertarnos ante peligros posibles, avisándonos, preparando nuestro cuerpo para la defensa y la huída y enseñándonos a evitar las situaciones peligrosas.
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Magazine La Vanguardia
Su mal vivir había empezado hacía un año, cuando comenzó a sentir una especie de embriaguez constante al caminar y moverse. Era un hombre austero, no bebía, no fumaba “porros”, llevaba una vida saludable. Solo había dejado de hacer deporte porque le hacía sentirse mal. Lo mismo le pasaba con las relaciones sexuales. Describía su estado
como una sensación de inestabilidad, de no poder caminar seguro. El temor a perder el equilibrio y caer redondo al suelo le obligaba a asegurarse en todo poste, silla o mesa que encontraba. Aunque esta sensación era constante, había notado que se intensificaba en algunas situaciones, particularmente cuando se alejaba de los sitios conocidos y seguros, se encontraba rodeado de gente o se excitaba por cualquier razón.
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La vieja pareja.

Era una relación de años, con recuerdos de diversos colores en la mochila. Evocaciones felices y otras no tan memorables.La intimidad, aunque parezca paradójico, se había esfumado a pesar del supuesto conocimiento que tenía uno del otro.La incomunicación crónica resultaba de que cada uno pensaba que lo sabía todo sobre el otro.
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