La sexualidad femenina a lo largo de la vida.
Desde el inicio de la pubertad hasta el final de su vida la mujer puede experimentar subidas y bajadas bruscas en la intensidad del deseo y de la respuesta sexual ya que estos están muy conectados a los cambios hormonales y fisiológicos a los que está permanentemente sometida. La edad afecta de modo distinto la función sexual en hombres y mujeres. El pico de intensidad en la respuesta sexual femenina se presenta hacia finales de los 30 años y principios de los 40, mientras que en los hombres la mayor intensidad se manifiesta al final de la adolescencia.
1. La infancia y la adolescencia.
Antes de la pubertad no suelen existir diferencias demasiado notorias entre niños y niñas en lo referente a exploración y fantasías sexuales. Cuando hombres y mujeres llegan a la adolescencia surge una explosión de interés por los temas sexuales. Sin embargo, el interés en la mujer no está necesariamente focalizado en lograr una relación sexual, quizá por la falta de información y los temores. El hombre, no obstante, suele llegar al orgasmo en casi todas las experiencias coitales. Las adolescentes suelen comentar que los primeros intentos de coito son físicamente incómodos y carentes de sensaciones vaginales placenteras.
Las prácticas masturbatorias no acostumbran a ser tan frecuentes en las chicas adolescentes como lo son en los chicos y esto puede explicar su mayor facilidad y destreza para obtener el orgasmo en sus primeros contactos sexuales. Se sabe que las chicas descubren la masturbación de modo más lento y tardío y que esta suele ocurrir después de las primeras relaciones sexuales completas con chicos y no antes. Por eso es más probable que carezcan de conocimientos sobre su capacidad de respuesta sexual al inicio de su vida sexual. Por otra parte, las chicas pueden tardar más tiempo en sentirse cómodas con su sexualidad debido a los mensajes educativos ambiguos en lo referente a la expresión sexual femenina.
2. La edad adulta
Sexo y embarazo
El embarazo puede producir gran variación en deseo y respuesta sexual, debido a los cambios hormonales y fisiológicos. Es frecuente un incremento en el interés sexual en los primeros meses de la gestación. Esto puede ocurrir por factores psicológicos como la ausencia de temor al embarazo o el acercamiento de la pareja en anticipación al nacimiento de un hijo. La mujer puede experimentar mayor lubricación vaginal así como más sensaciones derivadas de una mayor congestión y riego sanguíneo en los genitales. Sin embargo, esta apetencia puede declinar con el paso de los meses de embarazo.
La fatiga en el final del embarazo y los primeros tiempos del postparto suelen producir un descenso abrupto del deseo sexual. El estado depresivo que habitualmente sigue al parto provoca asimismo desinterés en la actividad sexual. Este estado de cosas puede extenderse varios meses mientras se produce la recuperación física y la adaptación psicológica a la presencia del hijo.
3. La menopausia
Con la llegada de la menopausia los factores relacionales de la mujer con su pareja así como su estado psicológico cobran mayor importancia para su funcionamiento sexual. Si la mujer se encuentra irritable, deprimida e inestable emocionalmente, su apetencia de actividad sexual también estará disminuída. Por el contrario, si no es ese el caso se puede producir un efecto reavivante de la sexualidad. La satisfacción sexual de una mujer menopáusica depende en gran medida de la compleja interacción de los cambios psíquicos y fisicos que le están ocurriendo, así como de su propia interpretación de los hechos.
La mujer mayor de 60 años suele mantener su capacidad de respuesta sexual siempre que tenga un compañero. Puede producirse un lento y gradual declive en el deseo sexual y la lubricación vaginal puede ser más reducirda. Las contracciónes vaginales son menos frecuentes e intensas y en algunas mujeres, dolorosas.
En resumen, parece ser que en el caso de la mujer , a pesar de sufrir muchos más cambios fisiológicos que los hombres durante su vida, estos no le afectan su funcionamiento sexual tanto como al hombre. Se supone que la mujer es más vulnerable a los aspectos psicológicos, culturales y afectivos relacionados con la sexualidad que a los factores físicos asociados. La actividad sexual de la mujer se mantiene mientras tenga un compañero disponible y suele terminarse cuando éste pierde el interés en el sexo. No parece que la práctica masturbatoria se utilice como medio de satisfacer necesidades sexuales en mujeres mayores. ( Malatesta, Chambless,& Pollack, 1983).
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