Una buena información sobre sexualidad no consiste solamente en una conversación íntima y trascendente cuando los hijos ya son adolescentes con el padre del mismo sexo. La buena educación sexual se va facilitando a lo largo de la vida del niño en sus diferentes etapas de maduración. Se puede enseñar a un niño desde una tierna edad, solamente por la manera que se acaricia al bebé, cómo se juega con él y como se le habla.
Cuando tiene alrededor de dos años, se le pueden enseñar las palabras correctas de cada parte del cuerpo. Hacia los tres o cuatro años, ya los niños manifiestan cierta curiosidad por la sexualidad. Se tocan los genitales, juegan a médicos, y preguntan a sus padres de dónde vienen los niños. Al enfilarse en los ocho o nueve años, los padres ya pueden empezar a preparar a los niños para los cambios que van a experimentar durante la pubertad y asegurarse de que estos ya saben los hechos básicos del sexo y la reproducción. Igualmente, los padres necesitan ayudarles a integrar todos los mensajes sobre la sexualidad que están recibiendo de la televisión, cine, libros, música y anuncios. Hacia la preadolescencia, tendrán que lidiar con los conflictos derivados de la presión de los compañeros, su imagen corporal y sensaciones sexuales. A partir de la adolescencia los hijos necesitan la guía paterna para tomar sus decisiones sobre las relaciones, plantear sus límites sexuales y protegerse de situaciones inseguras.
Transmisión de los valores de la familia
A lo largo de este periodo lo más importante es compartir con los hijos los valores y actitudes propios de su familia. La información sobre los hechos biológicos ya los recibirán de la escuela y de los libros.
Es conveniente aprovechar los momentos receptivos en los hijos para abordar los temas importantes. Cuando se está bañando al niño pequeño, o cuando se le cambian los pañales al bebé, se puede aprovechar la oportunidad para nombrar las partes de su cuerpo. Otras veces, mientras se mira una película en la televisión hay que utilizar la ocasión para hablar de la intimidad y de las relaciones. Por último, es bueno sacar partido de una noticia que intriga al niño, como las violaciones o el aborto.
¿De dónde vienen los niños?
Entre los tres y los cinco años, el niño puede preguntar un día en voz alta de dónde vienen los niños. En ese momento es bueno saber que no hay que decirle mentiras sobre cestos o sobre Paris. Tampoco es bueno decirle que cuando sea mayor se lo dirán. El niño tiene que saber que los padres son una fuente fiable de información y que siempre que les pregunten algo, tendrán una respuesta. A esa edad, una respuesta simple es suficiente. En realidad, el niño solamente quiere saber dónde están los niños antes de nacer. Se le puede contestar que crecen en un lugar que tiene la mamá en la barriga que se llama útero.
Igualmente se puede recurrir a la presencia de una vecina embarazada y explicarle al niño que ahí está creciendo un bebé. Después, no hay que hacer nada más que esperar a ver si le surgen más preguntas.
Si estas preguntas se presentaran, y quisiera saber cómo el bebé entra en el útero, habría que pasar a la etapa siguiente para darle una explicación sobre el acto sexual.
Nunca es demasiado temprano para abordar estas cuestiones, si se corresponden con la curiosidad del niño. Es muy poco recomendable que, en ausencia de la explicación de los padres, el niño reciba su primera información por parte de un compañero de la escuela. Por lo general, esta suele llegarle llena de errores y rodeada de bromas y detalles. A partir de una información sesgada, el niño ya no suele atreverse a abordar el tema con los padres. Por esta razón, siempre es bueno adelantarse a una versión de ese tipo.
Una buena definición del coito para niños preescolares podría ser la siguiente:
“Cuando dos adultos se quieren, a veces les gusta que el hombre ponga su pene dentro de la vagina de la mujer. Al cabo de un tiempo, el esperma sale del cuerpo del hombre y viaja por la vagina hasta el útero de la mujer. Cuando el esperma y el huevo se juntan, se forma un feto que se transformará en bebé.”
Recomendaciones para hablar a los niños sobre el sexo.
1. Estimular las preguntas del niño. En lugar de decirle: “¿por qué preguntas eso?”, O decirle que le hablarán de eso cuando sea mayor, es conveniente hacerle ver que los padres están satisfechos de que les haga esa pregunta porque indica que él siente suficiente confianza con ellos para hablar de los temas del sexo.
2. No esperar a que el niño inicie la conversación. Muchos padres postergan las conversaciones sobre sexo con los hijos, asumiendo que cuando un niño quiere saber algo, preguntará. Pero algunos niños se resisten a iniciar esos diálogos. Otros, simplemente no son de preguntar muchas cosas. Los padres no esperan preguntas para hablar de temas importantes como la fe religiosa o la seguridad personal. Es responsabilidad de los padres introducir el tema poco a poco. Aunque el niño nunca pregunte, sí necesita saber.
3. No pasa nada si los padres no tienen la respuesta. Si no se sabe contestar a la pregunta de un niño, se le puede decir que se va a averiguar la respuesta para contestarle. Si el niño ya va a la escuela, pueden averiguar la respuesta juntos.
4. Es normal sentir cierta incomodidad. Muchos padres se sienten incómodos para hablar de sexo con sus hijos porque sus propios padres no les hablaron sobre el tema. No hace falta esconder ese hecho a los hijos. Se les puede decir que no están acostumbrados a hablar de sexo porque la abuelita no lo hizo. Pero que a ellos les parece muy importante hacerlo.
5. Buscar el momento adecuado. Los buenos momentos son los que surgen naturalmente y favorecen el tema. Pueden ser: una escena en la televisión o película, o cuando el adolescente empieza a ir a fiestas. Si se habla en los buenos momentos, con un poco de información aderezada de los valores que se quieren transmitir es suficiente. No hace falta hacer sentar al niño y ofrecerle una conferencia sobre el tema.
6. Escuchar al niño. Hay que fijarse bien en lo que les preocupa. Es bueno saber lo que el ya conoce al respecto. Aunque el “enamoramiento” de un niño de diez años pueda parecer algo sin importancia, para él es muy importante. Escucharlo a esta edad, prepara el terreno para la etapa adolescente en la que tendrá que tomar decisiones sobre salir con alguien o tener relaciones sexuales.
7. Lo hechos no son suficientes. Si bien estamos de acuerdo que el niño debe conocer bien los hechos de la reproducción y la pubertad, hay que enseñarle también los valores familiares. La materia la puede aprender en los libros y en la escuela, pero las actitudes solo las pueden adquirir en la familia. Es bueno tener bien claros los “mensajes” que se quiere transmitir a los hijos.
8. Educar a hijos e hijas por igual. En muchas casas sucede que se educa a las niñas sobre la pubertad y la menstruación y se supone que los niños ya recogerán la información de otros lugares. Los niños también deben ser informados por sus padres.
9. La educación sexual es función de ambos padres. También es frecuente que se deje la educación sexual a las madres. En otras ocasiones, las madres enseñan a las hijas y los padres a los hijos. Pero al niño le conviene saber el punto de vista de un hombre y de una mujer. Esto refleja a los niños que hombres y mujeres pueden hablar de sexualidad juntos, algo que es muy necesario en la edad adulta. En los hogares monoparentales, por ejemplo, dónde solo vive la madre con los hijos, es conveniente pedir la colaboración de otros familiares o amigos del otro sexo para que el niño aprenda a hablar de la sexualidad tanto con hombres como con mujeres.
10. Informarles también sobre el placer de la sexualidad. No es infrecuente que, al hablar de la sexualidad con los niños se haga énfasis en las consecuencias negativas de la actividad sexual sin protección. Esto pasa mucho con los adolescentes. Pero el niño o adolescente también merece saber que la sexualidad es una actividad placentera y que expresar las sensaciones sexuales de una manera responsable puede ser de vital importancia y una parte muy gratificante de las relaciones entre adultos. No hay que olvidar transmitir las actitudes familiares en cuanto a una sexualidad responsable y saludable.
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