Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

Ciberinfidelidad o infidelidad virtual

Mientras desplazaba sus dilatadas pupilas por la pantalla del ordenador, podía advertir cómo se le introducía mansamente el puñal de la congoja en el pecho, desgarrando al tiempo toda su fe en la condición humana. El e-mail desplegaba una sucesión de agrias revelaciones sobre su desempeño sexual, exudaba un desprecio sardónico por su capacidad intelectual y su aspecto físico. Pero la aflicción más punzante provino de las expresiones de pasión amorosa y de sentir su intimidad violada por dos amantes que deseaban en su fantasía deshacerse de él. Su mujer era una adúltera virtual y él era un espectador de primera fila. Finalmente, ella decidió convertir lo virtual en real y se trasladó a Miami a vivir su nuevo amor.
¿Pecado venial o mortal?
Aún no existe una adecuada definición de infidelidad vía ciberespacio. La línea divisoria entre lo lícito y lo ilícito es objeto de mucha controversia. Tal como se pudo observar durante el escándalo sexual de Bill Clinton, incluso las definiciones sobre sexualidad en persona pueden ser bastante ambiguas. Es esperable una indefinición aún mayor cuando se trata de la sexualidad mediante la tecnología. Tampoco la ley contempla el hecho ya que no se puede probar un adulterio sin un contacto sexual real y directo. Sin embargo, existe unanimidad entre los profesionales que recogemos los destrozos del desamor: la infidelidad virtual daña gravemente la confianza y la lealtad en una pareja. Se observan cada vez más separaciones debidas a este fenómeno.
La tentación en un doble clic.
El gran atractivo del cibersexo proviene de sus propiedades altamente adictivas como son: la fantasía dirigida a rellenar el vacío de información , el secretismo, el anonimato, la accesibilidad, la inmediatez de la gratificación, el rápido incremento de la intensidad, la enorme carga sexual derivada de los comentarios explícitos, la desinhibición por la ausencia de temor al rechazo, la minimización de la culpa y las racionalizaciones. Es frecuente pensar que una relación por internet no es una falta porque no existe contacto sexual directo. Sin embargo, más del 70% de estas relaciones dejan de ser virtuales en muy poco tiempo.
La caza del infiel.
Los países que nos preceden en lo referente a la tecnología, ya están preparados para el espionaje de la traición: existen a la venta programas de ordenador para cazar al traidor. En la página www.catchcheat.com se describen sus funciones: cómo leer e-mails recibidos y enviados , espiar conversaciones de chat y grabarlas, descubrir las páginas que visitó el espiado, ver los mensajes instantáneos, rastrear el disco duro, descubrir contraseñas. Se ofrece total discreción sobre la compra del programa y, para terminar, la publicidad garantiza “paz mental al saber que su ser amado no le está siendo infiel”.
La detección.
Existen señales indicadoras de que la pareja puede estar viviendo una relación virtual. Solo hay que prestar atención a las siguientes pistas:
1 Cambio en los horarios de sueño. Se acuesta entrada la madrugada o se levanta demasiado temprano, supuestamente para preparar algo del trabajo y mirar el correo.
2 Demanda de privacidad. Pide que no se le moleste mientras está en el ordenador, cambia de sitio la máquina hacia un lugar más privado y cambia las contraseñas. Cuando se le interrumpe puede reaccionar con ira.
3 Descuido de las tareas de la casa.
4 Evidencias de estar mintiendo. Puede esconder cuentas de la tarjeta de crédito, del teléfono, de internet. Comprar tarjetas de teléfono.
5 Cambios de personalidad. Mayor alejamiento y distancia. Cuando se le pregunta si eso tiene que ver con internet, tiende a culpar a la pareja y formar cortinas de humo.
6 Pérdida de interés en el sexo. Muchas interacciones incluyen mutua masturbación, encuentros reales y llamadas telefónicas de contenido sexual.
7 Falta de inversión personal en la pareja. Menos conversaciones, salidas, alquiler de películas de vídeo, y evitación de vacaciones familiares.
La infidelidad virtual , a diferencia de la clásica, suele suceder a velocidad de vértigo, pero también es cierto que las parejas virtuales también se deshacen a la misma velocidad, y muchas veces debido a otra infidelidad por el mismo medio.

2006 Isabel S. Larraburu - Joan Güell,220 Barcelona Tlf. (34) 93.430.70.09 Movil (34) 686.71.13.14 larraburu@compumedicina.com