Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

Efectos colaterales del éxito

Tras una vida vertiginosa, repleta de escollos salvados sin tregua, esta licenciada de Esade y promisoria ejecutiva de ventas de una empresa sueca, consumó inadvertidamente sus más acariciadas quimeras de triunfo. Fue inadvertido porque el día que la ascendieron al sillón ambicionado, sintió algo que no pudo explicarse. Un sentimiento demasiado ajeno a su manera de ser, sanguínea y temperamental. Hipotérmica, reaccionó con una cabal indiferencia. Las felicitaciones de sus compañeros y familiares le parecieron un guión de película donde la protagonista era otra. Todo fue muy distinto de lo que había previsto. Solo pudo sentir anhedonia, es decir, una incapacidad de percibir satisfacción y placer. Había sido una precoz luchadora, no se conformaba nunca con menos, si podía lograr más. A la salida de los exámenes solía decir que le habían ido mal para enterarse después que había obtenido la mejor nota. Cualquier discordancia con la perfección era inexcusable. Con ojos radiantes, afirmaba que su meta en la vida era “triunfar” por el mero hecho.


Adicción a los objetivos
Al ir creciendo se transformó en una corredora de fondo, obsesionada con la ilusión de alcanzar objetivos seriales, sin darse espacio para disfrutar del placer de obtenerlos. Interiorizó y apuntaló la creencia de que su valor personal estaba equiparado a sus logros. Al ir consiguiendo con facilidad todo lo que se proponía empezó a darse cuenta de que la diversión se terminaba al llegar a la meta. El triunfo se transmutó en pérdida. Se acabó el juego. La diversión se desvaneció bruscamente. ¿ Y ahora qué? Se apoderó de ella la conciencia del vacío, la incapacidad de disfrutar de los laureles. Lo nunca imaginado, no le vio la gracia a su éxito y se hundió en depresión.


El viaje es mejor que el destino.
Su esfuerzo reflexivo la ayudó a entender que el proceso era la meta en sí misma. Podía ser mucho más divertido que el objetivo. Descubrió la conveniencia de deleitarse con la acción y prolongar el desarrollo de los acontecimientos previos a la consecución de sus propósitos.
De un plan orientado a la caza de objetivos era preferible pasar a un énfasis en el proceso. Orientación al proceso frente a orientación al objetivo.


Vislumbrar nuestro cielo.
Dicen los sabios que cada persona tiene su propio cielo. Pero la búsqueda de este cielo a menudo está fuertemente contaminada por variables tóxicas que encubren nuestros profundos deseos. El encuentro con el éxito nos fuerza a un balance que en ocasiones puede ser desalentador y poner al desnudo la frustración por habernos equivocado de cielo. Descubrir en carne propia la dolorosa evidencia de que la meta no nos aportó la armonía y la ventura ambicionadas. Advertir que se ha alcanzado la meta equivocada.


Una buena digestión.
Digerir saludablemente el éxito depende de ciertas habilidades que recomendamos.
- Saber convertir la lucha por el éxito en algo gratificante en sí mismo.
- Tener bien claro que perseguir el éxito es más substancial que el éxito.
- Reconocer que los resultados son mejores si lo estamos pasando bien.
- Aprender a saborear al máximo el presente.
-No saltarse el presente en pos de un hipotético futuro.
- Definir correctamente lo que significa el éxito para nosotros, prescindiendo al máximo de las influencias externas.

 

2006 Isabel S. Larraburu - Joan Güell,220 Barcelona Tlf. (34) 93.430.70.09 Movil (34) 686.71.13.14 larraburu@compumedicina.com