Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

El hambre nerviosa

Rosa tiene cincuenta años y desde que era adolescente ha probado todas las dietas con médico y sin médico. Su armario tiene ropa de todas las tallas , desde la 40 a la 48, a la que echa mano según en qué nivel de peso esté. El resultado final de treinta y cinco años de esfuerzos y remordimientos es un ansia de comer a deshoras que no puede resistir, un sobrepeso de más de 30 kg desde que empezó su primera dieta, una imposibilidad total de seguir una dieta por más de dos días y una auto estima por los suelos.
El hecho de comer por razones que no tienen nada que ver con el hambre es una característica netamente humana. Los animales en su medio natural y los niños recién nacidos deberían ser nuestros maestros en lo que se refiere a alimentarse: comen cuando tienen hambre y paran de comer cuando están satisfechos. A decir verdad, sería deseable que comiéramos como animales.


Hambre y saciedad.
El hambre y la saciedad son reacciones fisiológicas normales que están compuestas por una cadena de respuestas químicas y nerviosas automáticas que no necesitan para nada de nuestra decisión ni fuerza de voluntad. Es decir, animales y niños recién nacidos funcionan a tenor de esas reacciones sin saber nada de calorías ni de grasas ni de hidratos de carbono. Es algo natural e instintivo.


Comer sin hambre.
La pesadilla de comer por comer, sin hambre, y no poder parar por no sentir saciedad , se origina cuando decidimos frenar nuestro apetito saludable por razones diversas y empezamos a restringir lo que comemos. Así debilitamos nuestras señales naturales que son el hambre y la saciedad. Si logramos adelgazar en un tiempo relativamente corto ( unos meses) y luego volvemos a comer lo que necesitamos, entonces no hay problema. Pero si los resultados no son satisfactorios en el mantenimiento y tenemos que seguir frenándonos durante un tiempo prolongado, entonces nos transformamos en “ la que siempre está de régimen” .


Estar “ siempre de régimen” tiene sus efectos secundarios:
1. Cuando te liberas un día, arrasas con todo. No hay término medio.
2. Cuando estás depre, nerviosa o estresada, también arrasas.
3. Nunca disfrutas con la comida, siempre comes con remordimiento.
4. Nunca adelgazas de un modo mantenido, sino que pareces un acordeón con tendencia al alza.
5. Después de cada temporada de régimen, vuelves a subir lo que has perdido más la propina.
6. Tu tasa metabólica se reduce, es decir, tu cuerpo se va a acostumbrando a sacar más provecho de la comida , almacenándola por si acaso. El cuerpo toma medidas de precaución guardando energía por si vuelves a quitársela con otro régimen. ( Esto sucede en los campos de concentración). Curiosamente, esto puede suceder aunque tengas 110 kg. de peso.
7. Tiendes a pasar del “freno al desenfreno” de un día para el otro, entrando de lleno en lo que se llama el síndrome del yo-yo.


Qué puedes hacer.
1. No hagas dietas demasiado restrictivas. El hambre y el remordimiento te llevan a comer “lo prohibido” y en cantidades mayores de lo normal.
2. Come muy despacio, intercalando pausas de hasta 5' en medio de las comidas. Esto te ayuda a recuperar nuevamente la saciedad. Comerás menos y te sentirás satisfecha.
3. Espera unas tres horas sin comer. Ordena tu día comiendo algo cada tres horas, pero siempre a las mismas horas. Esto te ayudará a recuperar el hambre saludable.
4. Camina unos 45' diarios a marcha rápida. Esto te ayudará a volver a activar tu tasa metabólica. Es decir, tu cuerpo volverá a quemar calorías, y, aunque estés en reposo seguirá quemando.
5. No tengas nada prohibido en tu dieta, puedes desarrollar un ansia desbordada de comerlo.
6. Haz una alimentación saludable en la que haya hidratos de carbono ( pastas, patatas, legumbres y pan) en una cantidad del 40% mínimo.

2006 Isabel S. Larraburu - Joan Güell,220 Barcelona Tlf. (34) 93.430.70.09 Movil (34) 686.71.13.14 larraburu@compumedicina.com