Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

El Perfeccionista Imperfecto
“¡Pero qué manía! Esta Marcelina siempre me pone la mesa del ordenador en diagonal cuando viene a limpiar. Yo simplemente la quiero perpendicular a la mesa y paralela a la librería. ¿Será mucho pedir que lo entienda? Además le da por poner el ratón a la izquierda y el teléfono a la derecha; me cambia el cenicero de lugar y hace montoncitos antiestéticos e irregulares con mis documentos. No tiene idea de cuánto me irrita. De la semana que viene no pasa. Indemnización y fuera!”. Evidentemente, nunca se materializan sus maldiciones, pero la indignación persiste y no sólo con la Marcelina, como es de esperar. Porque su exasperación sobrepasa las hostilidades con la Marcelina ya que nace de la discrepancia entre sus ideales de perfección y el simulacro de perfección que tiene que tolerar en su día a día.

Asimetrías de la mala suerte.

Su ex mujer le decía sin parar que era un maniático del orden y que su cerebro no le funcionaba debidamente (con otras palabras, claro). Esta fue una de las principales razones por las que se buscó un novio. A pesar del golpe, se dedicó a meditar con cierta autocrítica sobre el tema. A lo mejor la causa no era que ella fuera un desastre de ama de casa, quizá el problema estaba en él. Las asimetrías y el desorden le producían demasiada angustia. A veces hasta pensaba que las cosas tenían que estar en una posición determinada para que todo en la vida saliera bien y no ocurriera nada malo. Las supersticiones regían su conducta. Los zapatos en cierta dirección, las camisas en orden cromático, de más claras a más oscuras, los libros dispuestos por tamaño y los trajes colgados mirando para el mismo lado. Todo parecía correcto, propio de un hombre ordenado, digno de admiración a la vista de cómo se comporta la mayoría de sus congéneres. Pero la angustia, la furia y demás emociones insoportables que se apoderaban de él cuando algo discrepaba de su alineación no le hacía la vida nada fácil. Y, para empeorar las cosas, cualquier fallo le hacía pensar que podría pasar algo malo a él o a sus seres queridos.

De la manía a la obsesión.

De las manías a las obsesiones existe un trecho, pero la carretera es la misma. Las manías de orden y limpieza pueden presentarse en muchas personas normales. El tránsito hacia la enfermedad obsesiva se basa en las características siguientes:

· El grado de impedimento para realizar una vida completamente normal.

· El tiempo que se dedica a las manías.

· El malestar que siente una persona cuando no puede ordenar las cosas a su manera.

· Ideas supersticiosas asociadas a no tener las cosas en su debido orden.

Si estas condiciones están presentes en la persona, es posible que haya sobrepasado el límite de la enfermedad obsesivo-compulsiva. Este trastorno exhibe un proceso auto perpetuador: cuánto más rituales de orden se realizan, más necesidad de realizarlos. Esto puede hacer que una persona llegue a estar todo el día actuando como un robot de limpieza y organización de última generación, realizando su propio entramado de rituales de orden.

La solución comporta aceptar el camino del medio, soportar la imperfección, las asimetrías y el desorden. Al principio esto puede parecer imposible, inimaginable. Pero a medio plazo la necesidad entrará en declive y la vida volverá a ser lo que es: una sabia integración sincronizada de imperfecciones.

2006 Isabel S. Larraburu - Joan Güell,220 Barcelona Tlf. (34) 93.430.70.09 Movil (34) 686.71.13.14 larraburu@compumedicina.com