Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

Las emociones

La vida para ella era un torbellino de emociones, una montaña rusa sin descanso, la rueda de la fortuna. Nunca podía predecir cómo sería su día, si triste, irritable, ansioso o risueño. A veces pensaba que eran las hormonas, otras veces la culpa era de una oposición de Saturno en su signo, pero le costaba admitir que las emociones habían tomado el mando de su existencia.

Pensaba, a veces, que la realidad pasaba por delante de ella con autonomía propia. No se comprendía a sí misma ni a los demás. La indefensión y un sentimiento de impotencia la condujeron a la consulta de varios profesionales. Algunos sugirieron que tomara medicación para regular el estado de ánimo. Otros aconsejaron que dejara sobrevenir sus emociones y no las suprimiera, que era positivo sentirlas y experimentarlas. Un día estaba tan irritable que lanzó el mando de la televisión a la cabeza de su perrita que le pasaba entre los pies. Otro día le dio una patada letal al nuevo coche teledirigido de su hijo que amenazaba con “atropellarla” en la cocina. Desde entonces empezó a dudar de la conveniencia de “dejarse llevar” por las emociones a la brava, sin previa cocción.

Los pensamientos provocan las emociones.

Nosotros vivenciamos todo lo que sucede según las creencias, imágenes y actitudes mentales que están almacenadas en la memoria. Esto conduce a que cada persona interprete la realidad de distinta manera. Esta interpretación a su vez nos lleva a las clasificaciones y etiquetas que le damos a todo. Si esta interpretación no es muy acertada, lo más probable es que tengamos más probabilidades de sufrir. Las emociones negativas como la ira, los celos, la envidia, la tristeza o el miedo, que nos hacen tan infelices, provienen de nosotros mismos, de nuestra interpretación sobre lo que creemos estar viviendo.

Observar lo que pensamos.

Hace casi cinco mil años que la filosofía oriental ha desarrollado y aplicado diversas técnicas de meditación para eliminar el sufrimiento humano. El objetivo primordial de las técnicas de meditación es aquietar nuestro pensamiento. Este tiene su principal utilidad a la hora de operar con problemas tecnológicos de nuestra vida, como aprender a conducir, conocer un idioma, estudiar… pero en no pocas ocasiones, el pensamiento origina conflictos psicológicos y se muestra decididamente poco eficaz para resolverlos. Es decir el pensamiento racional, tal como lo entendemos en nuestra civilización, que ha sido endiosado y venerado hasta ahora, está demostrando que posee muy poca efectividad para manejar las relaciones interpersonales, tomar decisiones y lograr una percepción global e intuitiva de la realidad. En realidad, en muchas ocasiones el pensamiento es un obstáculo para entender ciertas cosas de la vida.

Por tanto, habría que desarrollar una inteligencia distinta, que “ponga a raya” el pensamiento y organice nuestra mente, diferenciando el pensamiento útil del pensamiento obstáculo.

El pensamiento como generador de sufrimiento.

- Repite activamente recuerdos negativos del pasado.

- Genera preocupación, miedo y sueños referentes al futuro.

- Nos atormenta con opiniones y puntos de vista inventados por la sociedad humana y que no hacen más que controlar y encarcelar al individuo, tanto mental como psicológicamente.

- Nos hace proclives a juzgar, analizar, insultar, discutir y construir imágenes y emociones de violencia, odio, celos y demás.

- Influye y es muy determinante en la adquisición de enfermedades y dolor del cuerpo físico la transmitir continuamente ideas dañinas y caóticas a las células.



La quietud de la mente.

La mayoría de las técnicas de meditación llevan a la mente a detenerse, a la quietud completa, la ausencia de pensamientos, la conciencia del movimiento del pensamiento y a la prevención del inicio del pensamiento. El objetivo primordial de la meditación es llegar a lograr “atar” la mente, evitar que se disperse dando saltos de un sitio a otro, haciendo zapping en la atención, y a disolver conscientemente los pensamientos negativos descontrolados y sus efectos dañinos. La consigna para los meditadores sería: “Mantén la mente donde está tu cuerpo”.

Puedes practicar la meditación las veces que desees. Es recomendable realizar al menos tres sesiones de un minuto cada una y otra sesión más larga. Si mantienes la práctica, aumentará tu capacidad de conservar el estado de unión entre mente y cuerpo incluso durante otras actividades diarias. Se cree que los sabios más iluminados permanecen en este estado continuamente.

La meta principal es vivir siempre en el presente, teniendo la mente bajo control, y mantener la quietud y ecuanimidad en medio de las tribulaciones de la vida. Una vez hayas alcanzado la quietud profunda, durante el día, recuerda respirar hondo y decirte con frecuencia: “el cuerpo está aquí”.

Meditación para principiantes

1. Inhala lentamente por la nariz. Mientras exhalas lentamente por la boca, siente como si una ola pasara por encima de ti, relajando el cuerpo entero. Puedes, o bien mantener los ojos abiertos mirando fijamente, o bien cerrarlos, pero no deben fijarse ni concentrarse en nada.

2. Dile a la mente: “El cuerpo está aquí” y piensa que la mente se posa en la región del corazón. Suéltate y relájate, con la mente sin pensar ni concentrarse en nada. Relaja especialmente todos los músculos alrededor de los ojos y la frente, estén tus ojos abiertos o cerrados. De vez en cuando, sé consciente vagamente de que la mente se sitúa en la región del corazón. Permanece en ese estado sin pensar si concentrarte en nada durante al menos un minuto y como máximo 30 minutos. Puedes cerrar los ojos si vas a meditar más de un minuto. Los principiantes no deberían meditar más de 30 minutos al principio. Si la mente empieza a dispersarse, recuérdale simplemente que “El cuerpo está aquí”, haz que se coloque otra vez en la región del corazón, y entonces vuelve inmediatamente a soltarte ya relajar el cuerpo y mente.

3. Inhala lenta y profundamente. Mientras exhalas lentamente, abre y enfoca tus ojos completamente. Desperézate si te sientes inclinado a hacerlo al final de la sesión de meditación.

2006 Isabel S. Larraburu - Joan Güell,220 Barcelona Tlf. (34) 93.430.70.09 Movil (34) 686.71.13.14 larraburu@compumedicina.com