Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

Por qué sucumbimos al dictado de la moda

Por algo se le dice el dictado de la moda. Dictado significa mandato, normativa tácita impuesta por el orden establecido, reglamentación que debe ser respetada y obedecida.
Esta expresión con referencia a la moda no es novedosa. De ahí podemos deducir que la sociedad siempre ha procedido de forma similar a través de las épocas y en el ámbito de todo el mundo desarrollado, en el que las necesidades básicas están cubiertas, dejando lugar a lo suntuario.
La moda, por lo que sabemos, no es un fenómeno para nada reciente. Ha existido desde tiempos remotos, por lo que nos cuenta la historia. No obstante, las motivaciones para secundar sus preceptos han observado su propia dinámica en cada cultura, época y territorio.

El sometimiento
Los motivos por los que seguimos la moda provocan complejas disquisiciones.
¿Cómo puede ser que nosotros, personas que nos preciamos de críticas, consistentes, individuos de buen gusto, libres y autónomos, inmunes e impenetrables al bombardeo publicitario, podamos someternos dócilmente, como perritos amaestrados, a las arbitrarias indicaciones de la moda? Nuestra resistencia solo se mantiene mientras nos exhiben las tendencias de la próxima temporada en las pasarelas. Nos decimos: "¿quién se va a poner eso?", "hay que ser un fideo o alguien carente de sentido del ridículo", pero solo hace falta que veamos a la primera fiel seguidora por la calle para que nuestra reluctancia se derrumbe y nos lleguemos a convencer del encanto de los pantalones incompletos o rajados, de las reveladoras transparencias y de la exhibición de los ombligos.

La estética. Criterio subjetivo e inconsistente.
Es objeto de consenso que la belleza está en el ojo del observador. Admitimos que hay gustos dispares, que cada cual es libre de apreciar lo bello de una manera subjetiva y personal, lo cual es digno de todo respeto y propio de la diversidad. Pero lo más incomprensible es el cambio de criterio estético que se aprecia en nosotros mismos en períodos increíblemente cortos de tiempo. Lo que antes nos parecía espantoso, en muy poco tiempo lo podemos hallar atractivo y hasta podemos ponérnoslo y vernos bien.
El fenómeno puede tener diversas lecturas: la psicológica, la social, la económica, la antropológica, y todas las anteriores.

Profundas fuerzas culturales y sociales.
La habituación es un proceso psicológico muy conocido y observable por todos. Por ejemplo, el olfato. ¿Cuántas veces hemos notado un olor desagradable que se va haciendo progresivamente imperceptible por la costumbre? ¿Cuántas situaciones hemos percibido como insostenibles que se hicieron soportables e incluso agradables con la práctica? ¿Cuántos miedos y aversiones hemos superado al enfrentarlos y acostumbrarnos? Podría ser esta una explicación.
Pero la psicología social va más allá de una ilustración tan simplista. Adoptar la moda puede indicar la necesidad que todos tenemos de equipararnos al medio donde deseamos ser incluidos y bienvenidos. ¿Dónde vamos a parar con una chaqueta de enormes hombreras como las que usaba Sue Ellen en la serie Dallas en los años '80? Si usáramos una chaqueta de aquél estilo estaríamos revelando mucho de nosotros. Esto delataría nuestra diferencia en cuanto a estatus económico, por no tener medios para sustituirla, o por haberla heredado, o nuestro desfase en conocimientos por ser ajenos o advenedizos a la sociedad en la que estamos inmersos. Por ejemplo, podríamos parecer provenientes de un país menos desarrollado, de pocos recursos, donde la moda penetra más lentamente... Estas son presiones subliminales a las que todos estamos sometidos, hasta el más socio consciente.

Los límites socioeconómicos.
La moda se genera a base de un proceso de alternancia entre imitación e innovación, entre uniformidad y cambio. Estas fases no se corresponden con un principio de utilidad. Por ejemplo, no es lo mismo que dejar la máquina de escribir para cambiarla por un ordenador.
Por medio de la imitación, el grupo menos favorecido económicamente trata de reafirmar su paridad con el grupo más pudiente copiando su aspecto exterior. Este esfuerzo se ve desafiado, a su vez, por el empeño del grupo más favorecido por diferenciarse del anterior, cambiando la moda. Cuánto más rápidamente se imita la moda, con mayor frecuencia se lanza una nueva moda. Ninguna señora de clase alta desea que su empleada vista como ella. Esta ha sido una constante a lo largo de todos los tiempos.
En la Edad Media, la moda tenía como objetivo distinguir las clases sociales superiores de las inferiores. En algunos países y épocas, existían incluso regulaciones para normar lo suntuario. Al pobre no se le permitía utilizar ciertas prendas, tejidos u ornamentos que eran propios de las clases superiores.
Con el advenimiento de regímenes democráticos juntamente con un mayor acceso al consumo por parte de toda la sociedad, la competitividad en la moda se vio fuertemente estimulada. Los ciclos innovación/imitación se potenciaron de forma espectacular. La industria de la imitación tuvo un incremento portentoso en los países con mano de obra barata. Así, las imitaciones de las más exclusivas prendas se pueden encontrar con extrema facilidad en el mercado.

Las presiones psicológicas.
Entre las influencias psicológicas subyacentes, la conformidad social ostenta el papel más importante. La conformidad social obtiene como recompensa un falso sentido de seguridad y una sensación de poder externo. Por otra parte, confiere el salvoconducto para la pertenencia al grupo.
La conformidad social viene a satisfacer dos necesidades humanas:
1. El deseo de gustar. Intentar ser lo más similar posible al grupo del que se quiere formar parte con el fin de ser más fácilmente aceptado. La mejor manera de lograr el objetivo es obedecer las normas sociales no explícitas.
2. El deseo de actuar correctamente. Las personas que quieren formar parte del grupo deben enterarse por medio de información proporcionada por los otros miembros del grupo sobre lo que es correcto en cuanto a vestimenta y peinado. Eso hace que el individuo se comporte según informan los otros componentes del grupo. Se somete con docilidad y voluntariamente a la influencia social por vía de la información.
El sometimiento a los preceptos de la moda plantea el desafío de tener que conciliar las opciones de la libertad individual con la necesidad de conformidad social y de pertenencia al grupo. Difícilmente podremos sustraernos completamente a nuestra necesidad tribal de pertenencia al grupo y mantenernos al margen, en una posición personalista, al elegir nuestro vestuario. Este forma parte de nuestro lenguaje y nos presenta ante la sociedad.



 

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