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Mientras pelaba las patatas, a la mujer se le pasó por la mente usar el mismo cuchillo para degollar a su marido que leía el periódico a su lado. La reciente madre pensó fugazmente en lo fácil que sería ahogar al bebé con una almohada. El estudiante tuvo la instantánea de lanzarse a la vía del metro mientras esperaba que este llegara. El devoto católico rumió que podría tener relaciones sexuales con la Virgen María. Al heterosexual convencido se le ocurrió por un momento que podía insinuarse con el amigo de toda la vida. El pacifista se imaginó en un destello actuando como un francotirador durante una manifestación. “Intenta no pensar en un oso blanco”. La presencia de pensamientos no voluntarios o invasores en la mente es un fenómeno bastante universal. Muchos podríamos preocuparnos y dudar de si somos o no obsesivo-compulsivos. Lo cierto es que los rasgos obsesivos se presentan en un gran número de personas consideradas " normales”. De hecho, psicólogos ingleses investigaron los pensamientos obsesivos en una muestra de 302 personas de la población general y el 84 % informó que habían experimentado el asalto de pensamientos, imágenes o impulsos indeseados más de una vez en su vida. El contenido de los pensamientos intrusos a lo largo de los tiempos ha ido cambiando según las modas e inquietudes de cada época. Así, en épocas más oscuras de la humanidad en las que las religiones regían sin cuestión las vidas de las personas, los contenidos transgresores y pecaminosos proliferaban entre los citados pensamientos. Con el paso del tiempo, los temas referidos a la contaminación por gérmenes o por virus como el Sida, haber cometido una negligencia, atentar contra la ley, ser víctima de radiación y propagarla, sufrir enfermedades contagiosas, realizar acciones demoníacas, sufrir un descontrol de la agresividad o de la sexualidad, encallarse en dudas insolubles han ido alternándose en la florida imaginación obsesiva. Para entender con un fácil experimento la razón porque un pensamiento no se va de la cabeza, podemos acudir a la historia de los hermanos Tolstoy. La enfermedad secreta. La enfermedad obsesivo- compulsiva va saliendo poco a poco de su vida secreta gracias a películas y series como “El aviador”, la película de Scorsese que narra la lucha del millonario Howard Hughes contra su enfermedad obsesiva, “Mejor imposible” donde el actor Jack Nicholson borda la tipología de un obsesivo y “Monk” el detective privado obsesivo-compulsivo que resuelve casos de asesinato con facilidad, pero se encalla ordenando sus calcetines. Obsesiones, compulsiones y miedo Lola tiene las manos dañadas por el uso excesivo de la lejía que utilizaba para librarse de todo posible germen. Su temor era que pudiera contagiar a su familia con el cáncer a pesar de saber que esto no era factible. Los actos que llevaba a cabo para evitarlo, su compulsión, era lavarse escrupulosamente con lejía cada dedo repetidas veces, y hasta cuarenta veces al día durante 20 minutos. Para Víctor todo el problema estaba en su cabeza. Él era consciente de lo absurdo de sus preocupaciones, pero esto no lo libraba de aquellos incómodos pensamientos que a veces lo aterraban y a veces le causaban verdaderas crisis de angustia. Pero nada podía hacer ya que cuanto más los deseaba alejar más se repetían impidiéndole trabajar, leer, estudiar e incluso mirar la tele. Además todo lo que oía o leía se encadenaba mágicamente con ellos dándole la sensación de que estaba atrapado. Su estado de ánimo estaba muy decaído y a veces creía que no valía la pena vivir de ese modo. Cada uno de estos pacientes pertenece a un tipo característico de trastorno obsesivo compulsivo, aunque es frecuente que se mezclen diversos aspectos en la misma persona: Las maniobras de control (o pseudo control) llamadas rituales o compulsiones pueden tener estas formas: Prohibido prohibir. Retomamos el lema representativo del mayo francés para insistir en ello: Para superar las obsesiones es fundamental aceptar el pensamiento obsesivo. Cuando se acepta pensar lo impensable y se permite que las obsesiones vengan cuando quieran dejando de luchar contra ellas, solo entonces se reduce la ansiedad y se obtiene la paz mental. Cuando la ansiedad remite los pensamientos obsesivos tienden a desaparecer. La idea de pensar cosas inaceptables puede parecer escalofriante, pero se ha demostrado que es la mejor terapia. Esta técnica, concretamente, se llama en psicología “intención paradójica”. Es como si inoculáramos la enfermedad para librarnos de ella. Es como prescribir la enfermedad. Despiece Clasificación de las obsesiones. Según el tipo de ritual que desempeña el afectado, pueden clasificarse las obsesiones en siete categorías Lavadores y limpiadores. Preocupados por la contaminación producida por determinados objetos o situaciones. Estos pueden ser: los fluidos corporales, los gérmenes, la enfermedad y los productos químicos. Su manera de combatir la angustia le conduce a lavarse las manos de modo excesivo, tomar duchas prolongadas o limpiar la casa durante horas. Tienen mucho cuidado de no entrar en contacto con agentes contaminantes diversos, absteniéndose de tocar muchas cosas, como objetos que hayan caído al suelo o las manillas de las puertas. Verificadores. Inspeccionan todo de manera excesiva con el fin de que no ocurra nada malo, como accidentes o catástrofes. Lo más frecuente es revisar estufas y aparatos eléctricos para prevenir incendios, controlar que las ventanas y puertas estén bien cerradas para impedir que entren ladrones y repasar el trabajo realizado para impedir errores o críticas. La revista se hace reiteradamente porque, a menudo, poco después de haber examinado todo, vuelven a tener dudas de haberlo hecho bien y de forma adecuada. Entre la duda y la comprobación pueden pasar horas realizando sus rituales. Repetidores. El hecho de repetir acciones tiene, para este tipo de obsesivo, la facultad de impedir que un pensamiento alarmante se haga realidad. Tiene la convicción de que está actuando de una manera eficaz para impedir consecuencias catastróficas. Detrás de estas acciones aparentemente neutras, subyace la idea de que está impidiendo que pase algo malo. En su pensamiento mágico, cree supersticiosamente que sus acciones son útiles. Mantenedores del orden. Exigen que todo lo que les rodea esté dispuesto de acuerdo a ciertas pautas rígidas, incluyendo distribuciones simétricas. Dedican gran parte de su tiempo a cerciorarse de que las cosas estén en el “lugar correcto” y advierten de inmediato cuando se ha modificado su disposición preestablecida. Se sienten sumamente incómodos cuando las cosas se alejan de la perfección. Acumuladores. Este tipo de obsesión lleva a la persona a coleccionar objetos que para otros no tienen ninguna utilidad ni valor. Afirma que debe conservar todos esos objetos por si algún día los llega a necesitar. En casos extremos, tiene que alquilar un espacio adicional para colocar una cantidad enorme de objetos inservibles. Ritualizadores mentales. Estos obsesivos se dedican a repetir pensamientos deliberadamente para contrarrestar su ansiedad. Tratan de evocar ideas, discursos, listas, números, oraciones, recuerdos, palabras, canciones y todo tipo de actividad mental repetitiva, del mismo modo que los repetidores de comportamientos. La diferencia es que en este caso las repeticiones son mentales. Obsesivos puros. Los obsesivos puros sufren su aflicción exclusivamente en el plano de las ideas. Sus contenidos suelen ser altamente angustiantes como pensar que tienen una enfermedad grave, atraparse en eventos traumáticos del pasado, imágenes de conducta sexual incorrecta, impulsos de matar y hacer daño a ellos mismos, a personas queridas o indefensas. No practican rituales de conducta. Creen que por el hecho de pensar esas cosas, todo se puede hacer realidad. Sus rituales suelen ser del ámbito mental o cognitivo. Es decir, otros pensamientos que neutralizan los anteriores. Entre estas estrategias se encontrarían: Despiece. Pienso que no podré resistir y acabaré tirándome por la ventana y como vivo en un cuarto piso me mataré. Sin embargo, sé que no quiero hacerlo, que solo es un pensamiento. Dudo. No puedo asegurar que no lo haré. Vuelvo a dudar. Intento mirar la película, pero el pensamiento me machaca el cerebro y no me deja en paz. Bajo la persiana; quizá así no lo haga, pienso. La persiana me lo impedirá. Observo a mis hijos y me digo que tengo mucha suerte con estos hijos, por lo tanto, ¿ por qué voy a querer tirarme por una ventana?. No quiero hacerlo, sin embargo este razonamiento no me sirve para nada. Sigo encontrándome mal y necesito ir una y otra vez al cuarto de baño. Me coloco de espaldas a la ventana intentando parar este pensamiento que me tortura. Finalmente no puedo aguantarlo más y me marcho de la habitación. Pero en los días siguientes el pensamiento sigue torturándome hasta el punto de tenerlo presente incluso en mis sueños. El miedo a hacer aquello que no quiero invade cada instante de mis días." (Testimonio ofrecido por una paciente). Despiece Agresión y violencia: Temor a matar a un ser querido; a atacar físicamente a una persona; a atropellar a alguien mientras se conduce sin darse cuenta; a haber escrito o dicho algo inadecuado inadvertidamente, a insultar a un jefe; a enviar una carta ofensiva a un amigo. Despiece
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