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Me contaba un endocrinólogo amigo mío que estaba dándose cuenta de que sus pacientes ya no se sometían tan dócilmente a sus pautas. Venían con el nombre de su medicamento preferido, su diagnóstico y sus dosis, considerando su impresión clínica como si fuera simplemente una segunda opinión. La ansiedad que genera la red. No todas las personas responden igual a los mismos eventos. El tema de la salud se enfrenta mejor o peor según la personalidad de cada cuál. Existen personas de temperamento ansioso que tienden a percibir amenaza en las situaciones que viven. La ansiedad no es más que una respuesta de temor ante los posibles peligros, tanto reales como imaginarios. Son aquellas que temen la enfermedad y están pendientes de los síntomas que presentó la persona que hospitalizaron o que enterraron. Siempre aplicándose el cuento y examinándose a ver si no tienen el mismo cuadro. No hace falta ni que naveguen por la red, con solo oír a la vecina o ver el reportaje de la TV sobre el Alzheimer, piensan que ya están en los prolegómenos de la enfermedad. Divulgación médica. Aspectos positivos y negativos. Es una antigua polémica: ¿es bueno o malo recibir tanta información médica? ¿Estamos todos en condiciones de digerirla sin asustarnos? La respuesta aún está pendiente, pero las consecuencias del superávit informativo de internet ya se empiezan a notar. El acceso a Internet ha potenciado la difusión de información médica. La atención selectiva. Según recientes estudios psicológicos, se ha observado que las personas que tienen tendencia a la ansiedad, captan con más facilidad la información que les genera temor y desestiman y descuidan la información tranquilizadora. Así, en una presentación rápida de una serie de palabras que el sujeto tenía que repetir de memoria, el grupo de personas ansiosas por su salud, cuyo temor más relevante era padecer cáncer, las palabras más recordadas eran las relacionadas con el cáncer. Por ejemplo, en el grupo de palabras: mesa, casa, peso, jardín, dolor, manzana, pera, muerte, se acordaban preferentemente de dolor, muerte y peso y olvidaban las demás. Los peligros de la información sin fundamento. En una revista especializada para médicos de hospital, se comentaba un caso de un hombre que acudió con los testículos hinchados y doloridos, a causa de una inyección salina que se había administrado él mismo con el fin de aumentar la dimensión de sus genitales. El siempre había sufrido el complejo de tener genitales pequeños y decidió adquirir un paquete que le ofrecían en internet con todo lo necesario para auto inyectarse la sustancia que le agrandaría los genitales. Al principio se gustó y se sintió mejor. Pero al cabo de cuatro días, sus atributos no volvieron a su anterior tamaño como él esperaba y el dolor era insufrible. Tuvo que acudir al Servicio de Urgencias del Hospital más próximo para que le aspiraran el líquido. El caso se publicó en las revistas científicas y se concluyó que con seguridad ese no era un caso aislado. Cuando la preocupación se transforma en hipocondría. La hipocondría es un estado de inquietud por la salud que en ningún caso significa que la persona se está inventando una enfermedad. La persona hipocondríaca sufre mucho malestar y su actividad diaria se ve influida por su problema. Como hemos dicho antes, su realidad es percibida de un modo personal y suele interpretar equivocadamente las señales de su cuerpo, como pequeños dolores, tirones, agarrotamiento, un dolor de cabeza…, y de ahí empieza a sospechar que tiene algo grave. El paso siguiente es buscar confirmación en diversas fuentes, como médicos, libros, internet o amigos para asegurarse de que no le pasa nada anormal. Muchas veces hace preguntas a los familiares y amigos para saber si a ellos les pasa lo mismo, con el fin de tranquilizarse. Estas acciones pueden hacerse muy repetitivas, porque el afectado no acaba de creerse que no pasa nada y vuelve a insistir. Recuadro
Recuadro Como afrontar la preocupación por la salud
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