Manual de Sexología

Acoso a los gordos

Adicciones sin sustancia

Adictos al Trabajo

Ansiolíticos y Psicología

Antojos de Comida y Emociones

Ciberinfidelidad

Un navegante abrumado

Cuando querer no es poder

Cuidar a un enfermo grave

Del freno al Desenfreno

Decibelios y Revoluciones

Efectos colaterales del éxito

El amor verdadero

El hambre nerviosa

El miedo al avión

El mundo en el que vivimos

El pánico

El pecho femenino

El Perfeccionista Imperfecto

El sabor agridulce de la venganza

Desinhibición en linea

El sopor

Enfermos de prisa

Inestabilidad

Esclavos del impulso

La atención al presente

Hostilidad Ambiental

La Enfermedad de la Duda

La hipocondría

La intuición

Infortunios de una madrastra

La pareja es cosa de tres

La luz en nuestra Vida

Las emociones

La Comunicación de Masas

Malentendidos en pareja

La obsesión anti-edad

Las familiastras

Nervios a flor de piel

Pasado y olvido

Pecados Capitales

Las feministas del pintalabios

Personalidad y manera de comer

Los hombres no lloran

Solteros Involuntarios

Timideces Extemporáneas

Trastornos del comer

Me gusta cuando callas…

La autoterapia

Mentiras y tecnología

Metrosexualidad

Resistir la adversidad

Atentos a la vida

Narcisismo Mediático

Peter Pan

Al dictado de la moda

Pensar lo impensable

Quemados

Urbanitas Anónimos

Hipocondría por Internet

La trampa de la eficiencia

L'emoció al poder

L'addicte respectable

Ver lo que queremos ver

El patrón de conducta de Tipo A

La explicación del pánico

La exposición del pánico

Conferencia sobre fobias

Conferencia sobre crisis de pánico

Viajeros solitarios

Bulimia nerviosa

Trastorno por atracones

Viajeros solitarios

Para muchos y muchas, el hecho de ser capaces de viajar sin compañía significa casi un signo de emancipación psicológico-social. Cuentan la proeza  como una experiencia religiosa, un rito iniciático. Porque si bien todas las actividades no lúdicas en solitario son aceptadas socialmente, las  empresas lúdicas sin compañía desencadenan prejuicios y traumas paralizantes como el concepto de “estar colgado” o “no tener quién te quiera y te acompañe”. Es  muy difícil en nuestro medio encontrar a solitarios hedonistas en un restaurante elegante, disfrutando de su propia compañía, de la degustación de unas ostras acompañadas de un vino de reserva seguidas de un exquisito postre. Parece que el nivel de aceptabilidad impone sus límites en una comida rápida en una cafetería, con la presencia de un libro por delante o con ademán de estar esperando a alguien para disimular lo mejor posible la”triste” situación.
En el caso de los viajes, todo se potencia con la carga adicional de tener que pagar suplementos en habitaciones individuales y cenar en el rincón más escondido del restaurante, al lado de los lavabos.
Pero los viajes en soledad tienen unas ventajas que nadie sospecha de antemano. Entre ellas, dormir todo lo  que uno quiera, mucho o poco según las propias necesidades y sin dar explicaciones ni aguantar “morros”. Decidir las cosas por impulso sin tener que actuar por consenso. Equivocarse sin tener que excusarse ante nadie. No tener que estar preocupado por si el compañero realmente desea hacer lo que uno quiere. Cambiar los planes súbitamente sin consultar a nadie.

Estar solo. Un desafío que promueve el crecimiento.

La experiencia de viajar solo puede significar un poderoso catalizador para el crecimiento personal. Vivimos en una sociedad acelerada y, al mismo tiempo, hiperdependiente e interconectada. La soledad, aún la deseada, en cierta forma está estigmatizada. Paradójicamente, esta interconexión ineludible coincide con una desconexión a nivel profundo en las personas.
Es sorprendente observar cómo necesitamos la soledad. Esta nos ayuda a equilibrar nuestra vida y a restaurar la energía. La quietud nos proporciona el verdadero descanso, a la vez que, al revés de lo que se piensa, contribuye a fortalecer el vínculo afectivo con nuestros semejantes. El error es pensar que la soledad y la intimidad están en conflicto. La psicología actual impulsa los momentos solitarios como método de sanación espiritual.
Un viaje en solitario puede darnos la ocasión de evolucionar, aprender a solucionar problemas, darnos cuenta de nuestros propios recursos, y armonizar la mente.

Recuadro

Consejos generales para el viajero solitario.

La elección del sitio: es conveniente ir a ciudades donde  exista una buena red de transporte público. Es un modo mejor de conocer a la gente del lugar que estar en el propio coche de parking en parking.
La época del año: las ventajas de viajar en una época cálida es que el equipaje puede ser más ligero, el día es más prolongado, y la gente suele estar más fuera de las casas y con ánimo más sociable.
Consultar los mapas y los planos antes de salir del hotel o albergue y no hacerlo a la vista de la gente. Mirarlos en la calle puede atraer a personas malintencionadas.
Usar técnicas para superar la fobia a comer solo. Entre las más útiles se recomiendan: charlar con los camareros, comer en terrazas exteriores mirando a la gente, con un libro o escribiendo postales, sentarse en la barra o usar el servicio de habitaciones. Pero no hay que olvidar tratarse bien y disfrutar de una buena comida y de un café con postre, de vez en cuando.
Mantenerse en contacto con alguien. Existen cafés internet en la mayor parte del mundo.
Seguro de viaje: conviene contratar algún tipo de seguro en caso de robos o incidencias.

 

En caso de cansancio o estrés por viajar solo, darse descansos y frenar un poco el ritmo. Bajar las expectativas y cambiar un poco los planes.
A veces es recomendable contrariar un poco las propias tendencias. Si se suele ser muy solitario, ir a un lugar concurrido y palpar el ambiente. Si, por el contrario se tiende a ser muy dependiente, aprender a disfrutar del silencio y la soledad del viaje.
Estar decidido a hablar con la gente e iniciar conversaciones.
Confiar en la gente, pero hasta cierto punto. Si bien el hecho de viajar solo favorece el hacer nuevas amistades, siempre es recomendable no confiar tanto como para pedir que guarden nuestro dinero o nuestras pertenencias.
Es más probable conocer a otras personas en albergues que en hoteles.

Recuadro

Cuidar la seguridad:

Averiguar cuáles son las zonas menos seguras o más peligrosas de las ciudades. En caso de estar en zonas inseguras, buscar la compañía de alguien.
Enterarse de cuánto puede costar el taxi del aeropuerto al hotel o del hotel al centro. Preguntar de antemano lo que va a costar el recorrido. En caso de que no coincida, cambiar de taxi.
Llevar la identificación en más de un lugar del equipaje.
Demostrar seguridad.
Acudir con preferencia a lugares abiertos y públicos.
Intentar no parecer turista.

Recuadro

Especial para mujeres solas.

Si se es mujer y se viaja sola, es mejor hacer consultas a otras mujeres o a hombres con niños.
Vestirse siempre adecuadamente según el lugar donde se esté. En la India puede ser apropiado vestirse al estilo local, en países musulmanes prescindir de los pantalones cortos y dejar el “top less” para los lugares donde sea habitual.
Sentarse al lado de otras mujeres en los transportes públicos.
Ser cautelosa con las conductas seductoras. Lo que en Europa puede ser normal, en otros países puede ser malinterpretado.
No dejar entrever que se está sola. Pequeñas mentiras como “me tengo que encontrar con un amigo en el museo” pueden ser de utilidad.
No llevar ropa ostentosa o joyas.

 

 

2006 Isabel S. Larraburu - Joan Güell,220 Barcelona Tlf. (34) 93.430.70.09 Movil (34) 686.71.13.14 larraburu@compumedicina.com