Isabel Larraburu

El pecho femenino PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Miércoles, 04 de Marzo de 2009 15:09

Una adolescente muestra a su amiga con orgullo su reciente adquisición: un flamante Wonderbra. Sin rubor y pletórica de feminidad, se muestra ilusionada por exhibir sus incipientes senos enfundados en una prenda especialmente diseñada para realzar el busto.

En otra parte de la misma ciudad, otra adolescente se ingenia como puede para disimular, no sin dificultades, sus primeras formas en un vano intento de prolongar su infancia. La primera lleva con gusto su desarrollo y la segunda vive en conflicto su transformación. No cabe duda que el pecho no tiene un único significado para la mujer.

 

 

La historia del pecho. Los senos femeninos, por añadidura, trascienden la relación particular de la mujer con su cuerpo. La sociedad le ha conferido gran cantidad de valores y simbolismos a lo largo de la historia y a lo ancho del vasto mundo. La investigadora de la universidad norteamericana de Stanford, Marilyn Yalom, en su libro “Historia del pecho”, recoge y sistematiza la historia del pecho femenino, estructurándola en tres vectores a partir de los cuáles se le ha representado en Occidente: el pecho como reclamo erótico, el pecho nutritivo y la patología del pecho. Según la autora, esta representación se ha hecho, primordialmente desde la óptica de los hombres y de las instituciones.

El pecho nutritivo.

Marilyn Yalom expresa que, al igual que a la sexualidad femenina y el resto de su cuerpo, el pecho ha sufrido connotaciones dicotómicas: “bueno” o “malo”. El pecho bueno sería el encargado de alimentar al bebé, al tiempo que, simbólicamente, representaría la parte nutritiva de la mujer en relación a la sociedad. La revolución francesa está personificada en la imagen de una mujer (Marianne) con los pechos desnudos simbolizando la consigna:” ¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!” Fue convertida en pecho-estatal por la Revolución Francesa. A partir de entonces se identificó a la madre que amamanta con la “ciudadana responsable”, en oposición a la nodriza, comúnmente utilizada por la aristocracia. Con la Ilustración se enfatizó el ideal igualitario con la imagen de una mujer que ofrenda sus senos a todos los ciudadanos.


La autora señala en su libro que el pecho nutritivo, sinónimo de abundancia, fue venerado como signo de supervivencia del pueblo judío, y significó “nutrición espiritual” en la tradición cristiana. La desaparición de las nodrizas ocurrió gracias a la influencia del protestantismo inglés que creía que el amamantamiento era un deber intransferible de la madre.

El pecho erótico.

No obstante la batalla de las religiones oficiales por mantener la relación entre senos y maternidad, a partir de la segunda mitad del año 1400 va surgiendo la idea de pecho erótico: el pecho como referencia al placer y campo de juegos del deseo masculino, simbolizado por el cuadro de la amante de Carlos VII pintada como madonna, pero mostrando a una dama de la corte cuyo pecho se ofrece como fruta para deleite del observador y no para el niño que está distraído, sentado en su falda.

A partir de entonces surge la guerra entre los predicadores y la moda, que impone el ensalzamiento de los senos. En Francia e Inglaterra se diseñan corsés y corpiños que fuerzan los omóplatos hacia atrás, elevando y proyectando el pecho hacia delante, con los pezones luchando por sobresalir. En el siglo XX hubo breves períodos en los que estuvieron de moda los pechos pequeños: uno de ellos fue en la década de los años 20 y otro fue al final de los años 60, cuando se impuso la moda unisexo al amparo del modelo de Twiggy. Estas épocas tuvieron en común los movimientos femeninos que aspiraban al logro de una mayor igualdad con el hombre. Durante los períodos conservadores, como fueron la etapa posterior a la segunda guerra mundial, y las épocas en las que gobernaron políticos republicanos como Reagan y los Bush, la imagen de la mujer/objeto sexual con pechos voluminosos para mayor placer del hombre, volvió a imponerse. Al mismo tiempo, y como consecuencia de ese hecho, también se impusieron los implantes mamarios.

El pecho como estímulo para la publicidad.

En los últimos cien años, la presión del mercado ha explotado todo lo que se podía extraer del pecho femenino con el objetivo de lograr beneficios comerciales. Para la mujer, esto ha significado someterse a los requerimientos de la imaginación masculina. Se fue creando, gracias al imperativo de la publicidad, una imagen de cuerpo femenino ideal, provisto de grandes mamas insertas en un tronco pequeño y unas caderas estrechas. Esa dictadura del modelo corporal ideal ha logrado hacer surgir en la mujer unas expectativas no realistas porque no corresponden a ningún tipo morfológico natural. Ha obsesionado a mujeres del mundo entero y ha hecho estragos en las jóvenes en forma de enfermedades como la bulimia y la anorexia. Por otra parte, la normalización y extensión de la cirugía estética en nuestro país ha hecho que los implantes mamarios pudieran reforzar esa imagen anti natural de mujer.

La evolución de la ropa interior.

Siglo XI. Se utilizaba una camisa para separar el cuerpo, que casi nunca se bañaba, y el vestido que nunca se lavaba.

Siglo XV. Al ponerse de moda el realce de los senos, la mujer empieza a utilizar escotes reveladores. Aparece el corpiño que se ajusta al tronco, subiendo y dando relevancia al pecho.

Siglo XVI. Se incorpora el culotte a la vestimenta. Consiste en un pantalón ajustado hasta la rodilla. Se consideraba una prenda inmoral y atrevida porque era representativa de los hombres.

Siglo XIX. Surge el corsé para poner en relieve las formas femeninas al extremo. La prenda llegaba a fracturar las costillas y producía daños en los riñones, sin embargo era usado por casi todas las mujeres de la época. Servía para destacar el busto y las caderas oprimiendo el estómago y la cintura.

Siglo XX. El énfasis en las formas exuberantes se agudiza en épocas más conservadoras y decae durante las épocas más activas de los movimientos en favor de la mujer. Actualmente se ha generalizado la moda de los sostenes como el Wonderbra y los implantes de silicona.

El pecho y la enfermedad.

El cáncer de mama es una de las enfermedades más comunes en las mujeres. Dada la importancia simbólica del pecho como atractivo sexual femenino, la extirpación de uno o de los dos pechos puede tener una repercusión traumática en la vida sexual de la mujer. Por una parte, la mujer puede sentirse insegura de su imagen y de su poder de atracción hacia su compañero. Por otra parte, los pezones son una de las fuentes de placer sexual para muchas mujeres. Las caricias en los pechos forman parte del juego sexual en nuestra cultura. La mastecomía- extirpación quirúrgica del pecho- puede repercutir negativamente en la vida sexual de la mujer. La reconstrucción plástica del seno restaura su forma, pero no puede hacer recuperar la sensibilidad. Con el tiempo, la zona puede recuperar parte de sus sensaciones, aunque no el tipo de placer sexual anterior a la cirugía. No obstante, la mujer puede sentirse más segura y atractiva con su cuerpo.

La cirugía de la mama no impide que la mujer sienta deseo sexual, ni disminuye la lubricación vaginal ni las sensaciones vaginales normales ni interfiere en su capacidad de sentir orgasmo. Según los estudios más recientes, la mayoría de mujeres que han sido operadas en los estadios más tempranos del cáncer, pueden llegar a adaptarse emocionalmente y tener satisfacción sexual al año de la cirugía. Es posible que puedan disfrutar de la misma calidad de vida que las mujeres que nunca han tenido cáncer de mama.

Isabel s. larraburu

 

Última actualización el Viernes, 03 de Septiembre de 2010 13:55
 

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    Mi amigo era un psiquiatra “ high achiever”, aquél que siempre se ponía el listón más alto para poder disfrutar superándolo. Obsesivo y perfeccionista, condiciones que hasta la fecha le habían hecho actuar bastante correctamente y controlar todas las situaciones de modo exhaustivo. Por supuesto tenía un super CV , las mejores notas, y todos los triunfos académicos y profesionales esperables para alguien de su edad.