La actitud controladora y crítica puede sustituirse por la aceptación. Para iniciar el cambio:
1. Poner atención en todo lo que pasa, los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones y las imágenes que surgen. Advertir cuándo se distrae la atención.
2. Ser paciente, vivir el momento y darse cuenta de cuándo aparece la urgencia de correr hacia la actividad siguiente.
3. Evitar juzgarse a uno mismo y la experiencia. No calificar nada como bueno o malo.
4. Se suele juzgar según la experiencia pasada, pero se debe apreciar lo que pasa como si fuera la primera vez y no compararlo con lo que se cree que tendría que ser.
5. Darse cuenta de cuándo agradan unos sentimientos (felicidad) y cuándo se desearía huir de otros (tristeza). Permitir que los pensamientos y emociones existan tal como son.
6. Estar atento a cualquier actividad que se haga, sea comer, respirar, conducir, mirar un objeto, trabajar o escuchar a alguien.
Es conocido por todos que el control excesivo puede generar efectos opuestos a los deseados. Es frecuente pensar que cuanto más esfuerzo se haga, mejores serán los resultados. Pero existen evidencias que demuestran la falsedad de la hipótesis. La programación sociocultural grabada en la mente es la que ensalza el valor del esfuerzo. Eso posiblemente ha ayudado a la humanidad en muchas cosas, pero con matices. La mayor eficiencia se obtiene, seguramente, siendo competentes en el arte de bailar: retroceder, avanzar, parar, mirar, volver a avanzar..., dominando la destreza de distinguir cuándo es bueno esforzarse y cuándo fluir con la corriente.
















