Isabel Larraburu

Antojos de Comida y Emociones PDF Imprimir E-mail

Dietética y Salud

Los ataques de comer son distintos de los antojos por determinadas comidas. El atracón no tiene en cuenta el tipo de comida. Los antojos son selectivos y no se satisfacen con cualquier alimento: tiene que ser uno en concreto. A los antojos por ciertas comidas se les llama en inglés “food cravings”. El término proviene del ámbito de las adicciones y se refiere al ansia que se experimenta cuando se anticipa el consumo de una droga, cuando se siente el deseo irresistible de una sustancia. Aplicado a la comida, el ansia conlleva el consumo de algo que ya no es solo placentero, sino necesario e imperioso. La verdad es que la necesidad sobrepasa la sensación de placer, ya que la experiencia del ansioso es la de realizar una acción precipitada, desesperada, compulsiva y furtiva. Al igual que en las conductas adictivas, la persona siente la avidez por algo que no le conviene y que incluso le perjudica.


Este tipo de conducta es muy frecuente en personas normales y no indica necesariamente ningún tipo de enfermedad. Las mujeres en período premenstrual presentan con asiduidad el deseo de comer ciertos alimentos. Se sabe que las mujeres tienen preferencia por alimentos ricos en grasa, pero de sabor dulce, como el chocolate y los pasteles, mientras que los hombres la muestran también por comida con grasa, pero con sabor salado, como la pizza, embutidos o patatas fritas.

Hambre o apetito.
El hambre es una reacción fisiológica normal y saludable de urgencia física de comer, debida a una deficiencia alimentaria inmediata. El apetito representa un impulso emocional y físico de comer que es independiente de las necesidades nutricionales.
Habitualmente, hambre y apetito coinciden. Sin embargo, durante los episodios de “craving” se da una disociación entre las dos sensaciones y la persona no experimenta las señales fisiológicas de hambre y de saciedad. El comer en estos casos puede iniciarse por otras muchas razones aparte del hambre. Muchas de estas pueden ser estados emocionales.
La influencia del estado emocional
Como es sabido, existe una tendencia humana natural y aprendida a buscar consuelo en la comida en los momentos de crisis. Esto ha estimulado a diversos investigadores a estudiar la relación entre la obesidad y estado emocional. Las conclusiones apuntan a que el estrés puede desencadenar aumento de peso en las personas predispuestas genéticamente a la obesidad.
La psicoterapeuta y clarividente Doreen Virtue describe en su libro “Constant craving A-Z” (1999) su particular interpretación sobre la interrelación de los deseos insatisfechos con los antojos de comida. Afirma que mientras no se dé salida a las necesidades irresueltas, la persona seguirá comiendo compulsivamente de manera continuada. Según la autora, estos problemas no consisten necesariamente en materia de análisis psicológicos en profundidad, sino en deseos contrariados de amor, diversión u otro tipo de existencia. Aspectos vitales considerados “normales” y dentro de las propias capacidades de auto curación. Se trata de emociones que rechazamos y negamos inconscientemente por temor a enfrentarnos a sentimientos desagradables. Estas emociones, al ser auto negadas, se fortalecen y terminan buscando escapatorias como los antojos de comida, dolor físico, enfermedades, insomnio o ansiedad. De este modo, al postergar la toma de conciencia de nuestros deseos y necesidades nos vemos en la situación de elegir si nos enfrentamos a las emociones ahora o más adelante.
Una descripción no es una causa.
Las explicaciones psicológicas de los antojos y atracones se centran en la personalidad. Los perfiles de personalidad de los que comen compulsivamente describen a perfeccionistas, ambiciosos, solitarios, insatisfechos y frustrados. Sin embargo, lo único que sabemos es que estas personalidades están relacionadas con el problema, pero no se sabe a ciencia cierta si la personalidad es la causa. De hecho las causas son varias y mezcladas entre ellas porque interactúan entre sí, e incluyen unas cuantas que son de origen biológico. Las supuestas causas psicológicas más bien parecen actuar como precipitantes.
El efecto antidepresivo de la comida.
La comida tiene diversos significados, según la doctora Judith Rodin, investigadora de los trastornos del comer desde hace muchos años. Ella dirigió un estudio con recién nacidos a los pocos minutos de nacer. Los resultados mostraron que ellos chupaban con más energía cuánto más azucarada era la solución que se les administraba. Así, la relación con la comida y el placer derivado de ésta, ya está presente poco después de nacer. En su libro “Body traps” describe los efectos que tienen los alimentos sobre el estado de ánimo. Según los estudios del matrimonio Judith y Richard Wurtman, los alimentos dulces o altos en carbohidratos (de entre los cuáles el azúcar es uno de ellos) provocan un aumento de los niveles del neurotransmisor serotonina. Este mensajero químico cerebral tiene un efecto antidepresivo actualmente muy conocido. El famoso fármaco antidepresivo Prozac, actúa en la normalización de los niveles de serotonina. Según estos investigadores, el tipo de alimento consumido puede afectar la conducta y el estado de ánimo de las personas. Existe una barrera que divide el flujo sanguíneo y el cerebro (la barrera hemato encefálica) que algunos alimentos pueden cruzar con más facilidad que otros. Los alimentos que contienen triptófano, al parecer pueden cruzarla más fácilmente. El triptófano es un aminoácido que se convierte en serotonina al pasar al cerebro. Para que el triptófano atraviese la barrera, es importante que no tenga que competir con alimentos altos en proteínas ya que las propiedades de estas últimas acceden al cerebro con más facilidad. Así, una comida alta en carbohidratos y baja en proteínas eleva el nivel cerebral de triptófano, acelerando la síntesis de la serotonina. Si se come una comida basada exclusivamente en carbohidratos se libera insulina hacia la sangre. Esta, a su vez, bloquea a los competidores del triptófano y permite que este cruce la barrera hacia el cerebro. En resumen, estos estudios concluyen que las comidas basadas en carbohidratos conducen a sensaciones más relajantes y, a veces a una mayor fatiga que las comidas basadas en proteínas, especialmente en las mujeres.
La comida como auto medicación natural.
Es posible que las personas que comen muchos hidratos de carbono se estén auto medicando sin saberlo. Suelen demostrar un ansia muy fuerte por el carbohidrato. Para el matrimonio Wurtman, estas personas padecen una anormalidad en el proceso que relaciona el consumo de carbohidrato con la liberación de serotonina cerebral. Relatan que se sienten ansiosos o deprimidos antes de consumir carbohidratos. Se caracterizan por una alta motivación para la búsqueda de estos alimentos. Después de terminar la comida dicen sentirse relajados. Según Rodin, existen diversos mecanismos biológicos además del nivel de serotonina cerebral que podrían estar influyendo en la relación entre estrés, depresión y sobre ingesta. Muchas personas afirman que comen más cuando están estresadas porque tienen más hambre y aprecian la comida como más apetecible en esos momentos. Rodin llevó a cabo un experimento con no consumidores de café. Les suministró píldoras de cafeína que ellos creían que eran vitaminas. La cafeína los excitó fisiológicamente, pero no podían atribuir la excitación a la cafeína porque no sabían lo que les estaba dando. Los sujetos tratados con cafeína sintieron más hambre y le notaron más sabor a los alimentos que los del grupo control.
Este experimento podría explicar en parte el porqué de que el nerviosismo pueda conducir a la ingesta compulsiva. Estas personas puede “engancharse” fácilmente al consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono porque estos las relajan y les otorgan una sensación de fatiga placentera. Pero también es cierto que la excesiva fatiga, la culpabilidad y el peso corporal que se adquiere le quitan la gracia a los efectos beneficiosos de la “automedicación”.
Las cuatro emociones primarias que subyacen a la glotonería emocional (Doreen Virtue):
- Miedo.
Inseguridad, miedo generalizado, temor al abandono, miedos existenciales, problemas de control, miedos sexuales, preocupación ansiedad, depresión, temor a la intimidad.
- Rabia.
Hacia otra persona, por la injusticia en general, hacia sí mismo, por sentirse traicionado, por sentirse infravalorado, por sufrir abusos.
- Tensión.
Estrés, frustración, rabias pasadas convertidas en amargura o resentimiento, celos, impaciencia, sobrecarga de trabajo sin el suficiente ocio.
- Vergüenza.
Auto inculpación, baja auto estima, auto desprecio, carencia de confianza en los propios recursos y competencia, la creencia de no ser una persona digna de afecto, sentirse inferior a los demás, sentir que no se es merecedor de ningún bien.

Test de ingesta emocional.
Este test muestra cómo las emociones y la comida están interrelacionadas. Forma parte del Cuestionario holandés de conducta alimentaria (Serien, Fritjers, Bergers & Defares)
1. ¿Tienes ganas de comer cuando estás irritado?
2. ¿Tienes ganas de comer cuando estás deprimido o desanimado?
3. ¿Tienes ganas de comer cuando te sientes solo?
4. ¿Tienes ganas de comer cuando estás enfadado?
5. ¿Tienes ganas de comer cuando algo desagradable va a a suceder?
6. ¿Tienes ganas de comer cuando estás ansioso, preocupado o tenso?
7. ¿Tienes ganas de comer cuando las cosas te van en contra o han ido mal?
8. ¿Tienes ganas de comer cuando estás asustado?
9. ¿Tienes ganas de comer cuando estás desilusionado?
10. ¿Tienes ganas de comer cuando estás mal emocionalmente?

Responde a cada pregunta con la respuesta “a menudo”, “a veces” o “raramente”. A “a menudo” le confieres un 2, a “a veces” un 1 y a “raramente” un 0. Si tu puntuación es de 17 o más, la comida está relacionada con muchas de tus emociones y sentimientos.
Controlar las ansias
- No saltar comidas ni comer demasiado poco. Comer en comidas regulares y en pequeñas tomas. Una dieta con cereales integrales, fruta y verduras, proteína magra y grasas saludables es la mejor manera de mantener el ritmo metabólico y el nivel de azúcar estable.
- Identificar los precipitantes: estos pueden ser imágenes de la TV, olores, pensamientos.
- Realizar una conducta incompatible que actúe como una alternativa al comer. El momento del antojo puede durar unos 15'. Esperar a que pase.
- Reducir las porciones y comer un poquito de cada cosa, cuánto más rico en calorías sea el alimento, más despacio hay que comer. No prohibirse absolutamente ningún alimento que se desee.

 

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    Mi amigo era un psiquiatra “ high achiever”, aquél que siempre se ponía el listón más alto para poder disfrutar superándolo. Obsesivo y perfeccionista, condiciones que hasta la fecha le habían hecho actuar bastante correctamente y controlar todas las situaciones de modo exhaustivo. Por supuesto tenía un super CV , las mejores notas, y todos los triunfos académicos y profesionales esperables para alguien de su edad.