Isabel Larraburu

La trampa de la eficiencia PDF Imprimir E-mail

Dietética y Salud

Quién lo habría de decir. La eficiencia, la ambición, la rapidez, la optimización del  tiempo, la capacidad de trabajo, todo eso y más cualidades veneradas en el mundo de la empresa, de la universidad privada y, como no, también en las escuelas competitivas en las que se selecciona la entrada, tarde o temprano serán las trampas que nos pueden llegar a padecer una enfermedad coronaria.

Todos saben que para no sufrir del corazón hay que controlar la presión arterial y el colesterol, no fumar, hacer ejercicio moderado y vigilar el peso. Pero lo que no todo el mundo sabe es que existe una manera de comportarse,  de solucionar problemas, de trabajar, de relacionarse con los demás y de pensar, es decir, un patrón de conducta, que se considera un importante factor de riesgo a añadir a todos los anteriores.

El origen de este patrón de conducta, denominado patrón de conducta Tipo A, es el aprendizaje probablemente en la infancia. ¿Cómo nos podríamos imaginar que aquellas virtudes inculcadas a pulso por padres y profesores de nuestra infancia se transformarían en enemigas potencialmente mortales con el curso del  tiempo?

 

Lograr el máximo de objetivos en un mínimo lapso de tiempo.

Hacia los años cincuenta, Friedman y Rosenman, dos cardiólogos de San Francisco, estudiaron a sus pacientes y observaron unas características comunes en todos ellos.
Les llamó la atención que cuando decidieron retapizar las sillas de la sala de espera de su consulta, estas solo estaban deterioradas en el tercio exterior. Sus pacientes solo se sentaban en la punta de la silla, como si estuvieran a punto de echar a correr. Eso fue la anécdota que los impulsó a iniciar la investigación  sobre las peculiaridades de esas personas. Definieron el Patrón de Conducta Tipo A de la siguiente manera: “un complejo de acción-emoción presente en personas dedicadas a una lucha excesiva y crónica para lograr un número ilimitado de objetivos en el mínimo tiempo posible, en contra de la oposición de otras personas o situaciones del entorno.”

La relación conducta \ colesterol.

Los mencionados cardiólogos querían demostrar que una determinada reacción ante el estrés puede tener la capacidad de alterar valores de la bioquímica de la persona como es el colesterol.
Hallaron que las personas que corresponden al Tipo A, ante situaciones de amenaza y tensión, presentan mayores elevaciones de la presión arterial, frecuencia cardiaca, cortisol, adrenalina y noradrenalina que los demás. Estas alteraciones puntuales de la presión arterial pueden  causar daño a las arterias coronarias contribuyendo a la aparición de la ateroesclerosis y
de la enfermedad coronaria. La subida de la adrenalina puede movilizar el colesterol y ayudar a formar la placa en las arterias.

El perfil típico.

La conducta con tendencia a la enfermedad coronaria (coronary-prone-behavior) se fue perfilando cada vez con más detalle y ha sido objeto de mucha controversia. Fue bastante difícil convencer a los científicos que unos factores psicosociales pudieran añadirse al mismo nivel  a los factores de riesgo tradicionales del ámbito biomédico. Pero finalmente los estudios otorgaron validez a aquella idea: se deberían tratar con terapias psicológicas las características de personalidad que hacen a las personas vulnerables a la enfermedad coronaria. Las personas que pueden modificar estas conductas pueden reducir sus probabilidades de sufrir un infarto. ¿Cuáles son estas conductas insalubres?

 La prisa y la impaciencia
Consultan el reloj con mucha frecuencia; el tiempo es escaso cuando su actividad se  desarrolla al ritmo que ellos consideran adecuado y va insoportablemente lento cuando tienen que esperar o estar inactivos. Depositan la satisfacción siempre en los resultados en lugar de disfrutar del proceso de realizar una tarea. Efectúan  todas sus actividades cotidianas con prisa: comen, caminan, hablan deprisa e interrumpen a sus interlocutores. Intentan aprovechar el tiempo ejecutando múltiples acciones al mismo tiempo: conducir, comer, trabajar, hablar por teléfono, fumar. No resisten estar inactivos, por lo cual suprimen vacaciones, llevan trabajo a casa y alargan la jornada laboral. Nunca delegan funciones a ningún subalterno, en parte para no perder el tiempo enseñando, en parte porque no se fían y en parte por controlar el entorno.

Compromiso vital con el trabajo

 El trabajo es el ámbito más importante en la vida del Tipo A y es también en el trabajo donde radica su plataforma para autoafirmarse y prestigiarse ante los demás. Si se jubila o está en paro, su autoestima puede sufrir un gran descalabro y se puede desequilibrar porque su rendimiento laboral es en gran medida la medida de su valor personal. Las consecuencias del estrés vividas por su organismo no son escuchadas por él mismo y no suelen consultar  a los médicos ni les gusta hablar de enfermedades.

Hostilidad. Esta es la característica que está más relacionada con el riesgo de enfermedad. Este concepto abarca tres grupos de reacciones que están presentes en estas personas: la cólera, la irritabilidad y la agresividad. Estas manifestaciones provocan una activación intensa del sistema nervioso que se asocia a la hipertensión, la secreción de adrenalina y la movilización del colesterol.

Modificar los hábitos a tiempo, una buena prevención.
A pesar de la cantidad de malos hábitos que comporta pertenecer al grupo de los Tipo A, no es imposible modificarlos. Las terapias utilizadas para este fin, son las que se dirigen a los cambios de conductas, reestructuración cognitiva y la relajación. No es fácil que los Tipo A accedan a ser tratados por psicólogos, porque no suelen pensar que están enfermos o necesitan ayuda. Todo lo contrario: tienen un alto concepto de sí mismos y de sus virtudes. Por eso, primero se tienen que convencer totalmente de las razones para un tratamiento. Pero sería aconsejable que no esperaran el primer infarto para decidirse.

Recuadro

El perfil de conducta Tipo A

Competitividad
Urgencia \ prisa
Agresividad
Energía desbordada
Preocupación por los resultados.
Ambición
Impaciencia
Hostilidad
Gesticulaciones
Hiperalerta
Inquietud
Excesiva implicación laboral
Responsabilidad extremada
Éxito en el trabajo
Productividad
Alto nivel de actividad
Pocos intereses extra profesionales
Perfeccionismo.

Recuadro

La conversación del Patrón A

Estado de alerta constante.
Demostraciones de alta confianza en sí mismo.
Tono de voz elevado y enérgico.
Respuestas breves. Lenguaje conciso.
Omisión del final de las frases o palabras.
Discurso acelerado
Utilización del énfasis, interjecciones y palabras malsonantes.
Interrupción del interlocutor con rápidas respuestas.
Asiente con la cabeza mientras el otro habla y le presiona para que termine pronto.
Reacciones violentas y crispadas en situaciones de espera.
Suspiros frecuentes.
Se enfada con facilidad
Cierra el puño o apunta con el dedo para enfatizar sus palabras.

 

 

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    Mi amigo era un psiquiatra “ high achiever”, aquél que siempre se ponía el listón más alto para poder disfrutar superándolo. Obsesivo y perfeccionista, condiciones que hasta la fecha le habían hecho actuar bastante correctamente y controlar todas las situaciones de modo exhaustivo. Por supuesto tenía un super CV , las mejores notas, y todos los triunfos académicos y profesionales esperables para alguien de su edad.