Isabel Larraburu

Inteligencia Emocional
Malestar vital PDF Imprimir E-mail

Magazine La Vanguardia

El escenario al que hemos venido a parar se despliega implacable, vertiginoso y cambiante. Sin asomo de piedad, va dejando atrás a todos aquellos que no alcanzan a coger el paso. Las vicisitudes personales en seguidilla (cambios de empleo, de pareja, prejubilaciones, subidas del tipo de interés) exigen de las personas rapidez de reflejos, flexibilidad, independencia, adaptación, aceptación de lo efímero, capacidad para vivir en la incertidumbre, tolerancia a las frustraciones y muchas otras pericias. Nuestro diario vivir se ha convertido en unas penosísimas oposiciones para conquistar el bienestar y la paz, no digamos la alegría.

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  • Vivir lentamente no quiere decir perder el tiempo, pero vivir deprisa tampoco hace que lo atesoremos… Para empezar a dalihablar, el tiempo no es un artículo elástico de nuestra propiedad. Sólo somos responsables del invento de fragmentarlo y organizarlo en trocitos. La relación que tenemos con el tiempo ha cambiado desde que lo percibimos como un bien mesurable hasta los nanosegundos, gracias a las nuevas tecnologías. Se le ha llegado a considerar un activo equivalente al oro, una mercancía que se puede comprar, vender, malgastar, organizar, atesorar e invertir. Las exigencias del tiempo y la presión a la que estamos sometidos son resultados de la creación humana: su definición, análisis, medida y construcción. El tiempo no es un objeto que nos pertenezca. La vida que llevamos, constreñida por la medida del tiempo, consiste en una lucha constante por conseguir realizar la mayor cantidad de actividades, en el menor fragmento posible de nuestra organización.