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Quiero olvidar. I want to forget. |
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En el rincón de los deseos humanos hay uno que todos compartimos. Olvidar a placer los hechos o personas que nos han causado sufrimiento.Apartar a voluntad el recuerdo que maldecimos para aquietar el dolor que penetra nuestro presente. La íntima esperanza sería gozar de una memoria selectiva, de una capacidad de olvidar deliberadamente.
En realidad, el pasado acaba convirtiéndose en una construcción subjetiva de conceptos, una película de gran imaginación creativa que rellena las lagunas que surgen a base de embellecedoras florituras o sobrecargada victimización. ¿Merece el pasado tanto crédito como para permitirle que nos persiga hasta el presente siendo que es, a fin de cuentas, la resultante de una mejor o peor memoria, aderezada con juicios personales, miedo, culpa y lo que “debería haber sido y no fue”? ¿Tanto poder hay que adjudicarle al pasado? ¿Realmente habrá que hacer esfuerzos para recordar? ¿Para qué recordar? ¿Cómo podemos saber si lo que recordamos es real? ¿Cómo saber si no son falsos los recuerdos? ¿No sería mejor vivir con plenitud el presente y tratar de olvidar tristes evocaciones? Estas preguntas están causando controversia entre los estudiosos de la psicología y la neurología.
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¿Controlas o vives la vida? Ultimo artículo en Magazine. La Vanguardia. |
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Perdonar, un regalo para uno mismo. |
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C on el fin de organizar una de esas cenas nostálgicas que promueven antiguos alumnos, la animosa organizadora del evento tuvo que contactar a cada uno para confirmar su asistencia. Al hablar con una persona que no veía desde hacía 30 años, ésta le dio a conocer que aún estaba dolida por algo que le había hecho el colectivo en cuestión y, con tono desangelado le comunicó que no pensaba acudir. La voluntaria aún se pregunta consternada: “¿Los agravios nunca prescriben?”.
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El Gestor Fins fa molt poc, pensar que un gerent d’empresa havia de tenir emocions i sentiments i, a més a més, expressar-los, era quasi impensable. De fet l’expressió de sentiments més acceptada socialment en un gerent sería l’enuig i el descontent. Actualment, un directiu que no sápiga controlar les seves emocions i utilitzar-les en benefici de la seva empresa, es considera pràcticament un incompetent. |
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Magazine La Vanguardia
El escenario al que hemos venido a parar se despliega implacable, vertiginoso y cambiante. Sin asomo de piedad, va dejando atrás a todos aquellos que no alcanzan a coger el paso. Las vicisitudes personales en seguidilla (cambios de empleo, de pareja, prejubilaciones, subidas del tipo de interés) exigen de las personas rapidez de reflejos, flexibilidad, independencia, adaptación, aceptación de lo efímero, capacidad para vivir en la incertidumbre, tolerancia a las frustraciones y muchas otras pericias. Nuestro diario vivir se ha convertido en unas penosísimas oposiciones para conquistar el bienestar y la paz, no digamos la alegría.
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