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Quiero olvidar. I want to forget.

Isabel Larraburu

Quiero olvidar. I want to forget. PDF Print E-mail
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En el rincón de los deseos humanos hay uno que todos compartimos. Olvidar a placer los hechos o personas que nos han causado sufrimiento.Apartar a voluntad el recuerdo que maldecimos para aquietar el dolor que penetra nuestro presente. La íntima esperanza sería gozar de una memoria selectiva, de una capacidad de olvidar deliberadamente.

En realidad, el pasado acaba convirtiéndose en una construcción subjetiva de conceptos, una película de gran imaginación creativa que rellena las lagunas que surgen a base de embellecedoras florituras o sobrecargada victimización. ¿Merece el pasado tanto crédito como para permitirle que nos persiga hasta el presente siendo que es, a fin de cuentas, la resultante de una mejor o peor memoria, aderezada con juicios personales, miedo, culpa y lo que “debería haber sido y no fue”? ¿Tanto poder hay que adjudicarle al pasado? ¿Realmente habrá que hacer esfuerzos para recordar? ¿Para qué recordar? ¿Cómo podemos saber si lo que recordamos es real? ¿Cómo saber si no son falsos los recuerdos? ¿No sería mejor vivir con plenitud el presente y tratar de olvidar tristes evocaciones? Estas preguntas están causando controversia entre los estudiosos de la psicología y la neurología.

Cierto es que algunos recuerdos traumáticos del pasado pueden atormentar a algunas personas que no pueden desvincularse de la emoción que sintieron durante el evento. Son los que sufren el llamado estrés post traumático. Hay soluciones terapéuticas en las que rememorar puede producir un reprocesamiento del trauma y una atenuación de las emociones asociadas. La emoción unida al hecho traumático ha quedado grabada en la memoria como una muesca en un disco rayado que hay que reparar reviviendo el evento en la sesión de terapia.

Olvidar es útil y necesario.

Es imposible hablar del recuerdo sin mencionar la contraparte, el olvido. Parece ser que olvidamos mucho más de lo que recordamos. El olvido no es algo negativo y es un fenómeno completamente natural. Si se recordara cada minuto de cada hora de cada día durante la vida entera, sin tener en cuenta la relevancia del recuerdo, estaríamos buscando continuamente lo importante en medio de menudencias como cuando buscamos el “pendrive” dentro del bolso.

El olvido se define como la pérdida de información en el tiempo. En la mayoría de las situaciones recordamos mejor la información poco después de recibirla que tiempo después. Con el paso del tiempo se pierde parte de la información. Es un hecho frecuente que falle la memoria cuando se necesita, lo cual es una molestia, no hay duda. No obstante, el olvido permite poner al día y actualizar el contenido de la memoria. Cuando recibimos un nuevo número de teléfono, tenemos que olvidar el anterior para recordar el nuevo. Si aparcamos el coche todos los días en un gran aparcamiento, tendremos que recordar dónde aparcamos hoy y no ayer o anteayer. Por eso, el olvido tiene una función útil y adaptativa.

El proceso de olvidar.

Durante el último siglo han surgido y se han ido perfeccionando muchas explicaciones teóricas sobre cómo se producen la memoria y el olvido.

Como resumen de ellas, se sabe que a veces el olvido ocurre porque algo de la información que nos entra no llega nunca a alcanzar el almacén de la memoria a largo plazo; en otras ocasiones esta sí llega pero se disipa antes de fijarse; otras veces, simplemente se desdibuja por falta de uso en el tiempo; es posible que estemos programados para borrar datos que no son relevantes para nuestra vida.

  1. El olvido por desuso.

Esta es una de las teorías más antiguas sobre el olvido (Ebbinghaus) y afirma que olvidamos cuando no utilizamos la información. Con el paso del tiempo, si los recuerdos no son evocados o “usados” ocasionalmente, tienden a desvanecerse gradualmente hasta desaparecer por completo. La teoría ha sido reformulada más recientemente por Bjork y Bjork quienes consideran que el olvido es algo útil y adaptativo. Proponen que el recuerdo que no es relevante para los planes de una persona en tiempo presente, pierde su fuerza de recuperación, es decir, es más difícil de acceder. No obstante, afirman que la información que no se usa sigue almacenada de alguna forma en la mente. El fallo en esta teoría es que se ha demostrado que incluso los recuerdos que no han sido evocados pueden ser notablemente estables en la memoria a largo plazo.

  1. Las interferencias entre los recuerdos pasados y recientes.

Esta teoría sobre el olvido surgió como alternativa a la explicación del olvido por desuso. Sostiene que olvidamos la información porque otros recuerdos dificultan o interfieren con su recuperación del almacén de memoria.

Es más probable que ocurra la interferencia cuando los recuerdos son muy similares a los de la antigua información.

Algunas veces son los recuerdos nuevos los que dificultan la recuperación de los pasados (interferencia retroactiva) y otras veces los viejos recuerdos interfieren en la recuperación de los más recientes (interferencia proactiva).

  1. Errores en la fijación del recuerdo.

También suelen olvidarse aquellas cosas que nunca entraron en la memoria a largo plazo. Son los fallos de fijación o codificación. Existe un experimento conocido en el que los investigadores solicitan a los participantes que identifiquen la moneda correcta de entre un grupo de monedas incorrectas. Pongamos un euro, por ejemplo: un euro correcto de entre una serie de euros incorrectos. Si intentamos dibujar una moneda de euro de memoria y comparamos el dibujo con un euro real, veremos que probablemente nos acordamos del tamaño y el color pero no recordamos los detalles menores. La razón por la que esto sucede es que fijamos solamente los detalles necesarios para distinguir el euro de otras monedas que tenemos grabadas en la memoria.

  1. Olvidos motivados

En ocasiones el olvido es algo activamente buscado, especialmente el de los recuerdos traumáticos de experiencias pasadas. Existen dos formas de olvido motivado: la supresión, una forma consciente de olvidar y la represión, una forma especialmente explicada por el psicoanálisis en la que el olvido no es consciente.

No todos los psicólogos coinciden en el concepto de recuerdo reprimido. Uno de los problemas que surge es que es difícil, por no decir imposible estudiar científicamente si un recuerdo ha sido reprimido. Como la actividad de ensayar y recordar es algo importante para el fortalecimiento de la memoria y los recuerdos dolorosos no suelen ser objeto de estas actividades, no es extraño que se puedan desvanecer con el tiempo.



Cuando hay que recordar para olvidar.

Si nos fuera posible seleccionar los recuerdos que convendría hacer desvanecer, por ejemplo en el ámbito de una terapia, habría que priorizar las memorias traumáticas que aún causan temor y que persisten en la memoria de un modo total o parcial, causando pesadillas, imágenes intrusas del pasado o reacciones fisiológicas de ansiedad. Estos son los contenidos de la memoria que hay que volver a procesar para que se puedan borrar. Por eso, muchas personas que sufren de trastorno por estrés postraumático solo pueden sentirse mejor al volver a recrear la penosa situación que vivieron y las emociones que sintieron en aquél momento. De este modo, “la muesca en el disco rayado” puede volver a repararse.

Una importante razón para recordar lo que sucedió es la reducción del miedo unido al hecho. Los recuerdos del trauma no son peligrosos para nadie aunque puedan sentirse así. La confrontación al recuerdo en un entorno seguro _ como escribir sobre él, describirlo en voz alta, dibujarlo_ contribuye a “trabajar” o “procesar” el suceso traumático. También actúa reintegrándolo al pasado. La práctica de evitar el recuerdo continuamente, junto a los sentimientos de dolor, miedo, rabia, depresión, vergüenza y auto flagelo relacionado, lo mantiene vigente en el presente. A través del proceso de recordar, es posible entender lo que ocurrió. Sentir rabia por lo que pasó. Recordar, pero sintiendo que no hay peligro, otorga una sensación de control sobre la experiencia y el terror experimentado.

Las terapias basadas en recuperar el recuerdo deberían ser administradas con ciertas salvedades. Meichenbaum (1994) advierte sobre los siguientes puntos:

  1. Recordar es un proceso reconstructivo, no una reproducción literal de una experiencia pasada. Se olvida más que lo que se recuerda.
  2. Los recuerdos pueden estar influidos y distorsionados por el curso del tiempo.
  3. Al reconstruir la memoria no se reproducen todos los detalles.
  4. En ocasiones, es posible estar seguro de recuerdos inexactos y erróneos.
  5. No es necesario recordar todo sobre un suceso traumático exactamente como sucedió. Lo que es importante es recobrar información para volver a procesar la memoria. Solo hay que situar el recuerdo y sus emociones, sensaciones corporales y pensamientos acompañantes en el pasado, que es donde deben estar.

Despiece

El trastorno por estrés postraumático.

El trastorno por estrés postraumático ocurre como consecuencia de la exposición a un hecho vital extremadamente penoso como guerra, atentados, desastres naturales, violación o agresión. Se considera una reacción normal de personas normales a una situación anormal. Esta situación se percibe como peligrosa y excede los recursos habituales de una persona para afrontarla.

Las consecuencias de sufrir este trastorno de ansiedad se manifiestan mediante:

  • La experiencia de revivir recurrentemente los recuerdos con imágenes, pensamientos, percepciones y pesadillas.
  • Presencia de flashbacks disociativos, ilusiones e incluso alucinaciones.
  • Experiencia de reacciones físicas y psicológicas intensas ante señales que simbolicen o se parezcan a algún aspecto del trauma, como visiones, olores, sonidos o fechas.
  • Evitación de pensar, sentir, hablar sobre el tema.
  • Incapacidad para recordar aspectos importantes de lo que sucedió.
  • Falta de interés en participar en actividades.
  • Despego hacia las otras personas.
  • Incapacidad para sentir amor; vida afectiva apagada.
  • No esperar nada del futuro.
  • Síntomas de activación nerviosa.

Olvidar voluntariamente.

No todos los recuerdos del pasado son traumáticos, mucho son simplemente tristes o cargados de resentimiento. No siempre una evocación negativa nos remueve el cuerpo/mente como para iniciar una terapia. Los malos recuerdos pueden ser reconvertidos y reinterpretados de forma que contribuyan para el crecimiento personal. Una persona saludable es aquella que es consciente de que ocurren infortunios en la vida de todos. Sabe mantener el equilibrio al hallar los beneficios y el significado que estos puedan revelar. Despliega habilidades para afrontar la adversidad de un modo realista aprovechándola para el propio crecimiento.

Una primera forma de ayudarse a sí mismo a borrar los malos recuerdos sería aprovechar los propios mecanismos de la memoria y el olvido; solo habría que utilizarlos a nuestro favor:

· Dejar de recrear los malos recuerdos mediante conversaciones, pensamientos victimizadores, de modo que vayan decayendo por desuso.

· Permitir el paso a las nuevas experiencias del presente con el fin de que sustituyan las tristes experiencias anteriores.

· No investigar ni intentar rememorar los detalles de los recuerdos para que no se fijen en la memoria a largo plazo.

· Y por último, decidir conscientemente lo que se desea o no olvidar.

Otra técnica propuesta por Babette Rothschild en su libro “The body remembers” (2000) es el aprendizaje de la “conciencia dual” (dual awareness). La finalidad de esta técnica es observar y trabajar sobre el recuerdo mientras la persona se reafirma que está segura en el momento presente. Esto contribuye a ver la pasada experiencia desde la persona que observa y la persona que experimenta.

Ejercicio: Recuerde algún evento pasado que le afecte negativamente. Algo que le ponga ansioso o le provoque malestar. ¿Que nota en su cuerpo? ¿Qué le pasa a sus músculos? ¿Cómo respira? ¿Se altera el corazón? ¿Le cambia la temperatura?

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Ahora vuelva a concentrarse en el sitio dónde se encuentra ahora. Fíjese en el color de las paredes, la alfombra, la temperatura, los olores. ¿Ha cambiado la respiración a medida que cambia el tema de atención?

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Ahora trate de mantener la concentración en el momento presente mientras recuerda ese recuerdo desagradable. ¿Puede lograr mantener la conciencia del lugar dónde está físicamente mientras rememora?

Termine el ejercicio manteniendo su conciencia enfocada en el entorno actual.

Lo único real es el presente.

Muchas veces la elección de estar plenamente en el ahora es lo único que se necesita para recobrar la serenidad y tan solo se requiere optar por ello. Elegir el presente es la opción de renovarse día a día, “resetearse” cada mañana para ver el mundo siempre nuevo, salido de fábrica, y como algo eterno que estaba antes y estará después de nosotros.

El maestro espiritual y filósofo Krishnamurti dijo sobre el pasado y su recuerdo:

“La lluvia cayendo sobre la tierra reseca es algo extraordinario. Lava las hojas y las deja limpias, y la tierra es refrescada. Creo que todos deberíamos lavar nuestras mentes hasta dejarlas bien limpias, igual que los árboles son lavados por la lluvia; porque nuestras mentes están tan cargadas con el polvo de muchos siglos, el polvo que llamamos saber, experiencia. Si vosotros y yo purificáramos nuestras mentes a diario, liberándolas de los recuerdos de ayer, tendríamos una mente fresca, una mente capaz de vérselas con los numerosos problemas de la existencia.”

Isabel s. larraburu

Psicóloga clínica

 

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