| Condenados a entendernos |
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Magazine La Vanguardia De un tiempo a esta parte los españoles nos hemos dado cuenta de que somos ciudadanos con derechos y han ido proliferando por doquier las amenazas de querellas, denuncias, demandas judiciales y otros procedimientos jurídicos que antes ni teníamos el honor de conocer.
Quizá esto se haya visto propiciado por la influencia de los programas televisivos de temática cardiaca donde abundan simultáneamente abucheos y descréditos mutuos. Pero lo que más sorprende es que la descubrimiento el surgimiento de la conciencia de derechos de los ciudadanos no ha venido acompasada con el reconocimiento de sus deberes cívicos; de ahí que ante tal desequilibrio nos mostremos como ciudadanos litigantes, con merecimientos infinitos que están a la que saltan con la amenaza en la boca. Como anécdota, cuentan de un encuentro en el bosque entre un caballo y un perro ladrador. Ante el instinto ladrador del perro hacia el caballo el jinete sorprendido amenazó a voz en grito “que se le iba a caer el pelo” con la denuncia que le iba a poner.
Da la impresión de que se está produciendo una potenciación del talante quisquilloso típico de nuestra raza gracias a una tardía conciencia de derechos, consecuencia de tanto atropello dictatorial. Lo cierto es que nuestras emociones pasionales no nos inducen de un modo natural y espontáneo al consenso y la negociación. No obstante, el hábito de negociar nos ahorraría conductas violentas e incívicas. Nuestra sociedad se beneficiaría enormemente si adoptara comportamientos que en otras latitudes son mucho más cotidianos. La historia de la negociación se ha nutrido durante siglos de encendidos desacuerdos sobre fronteras, tratados de paz y de comercio, contratos colectivos utilizando ultimátum, insultos, amenazas, manipulaciones y blindaje férreo de las posiciones encontradas. En el año 1970, el Proyecto de Negociación de Harvard desarrolló un procedimiento de mediación que fue utilizado en las negociaciones de paz de Camp David para el Medio Oriente en 1978. En 1981, Roger Fisher y William Ury, reconocidos como prestigiosos negociadores - mediadores en todo el mundo, escribieron su libro “Obtenga el sí. El arte de negociar sin ceder”, referente principal de las negociaciones llamadas win-win (ganar-ganar). En él afirman que la manera previa de regatear posturas no era productiva y era innecesariamente hostil. La mejor opción era desvincular a los oponentes del problema a resolver. Focalizar en los intereses comunes en lugar de las posturas encontradas con el fin de generar opciones que beneficiaran a ambas partes. Negociar en la vida diaria. Hay expertos que afirman que habría que pensar en la negociación como “una interacción entre uno o más puntos de vista”. Así, hasta es posible negociar con uno mismo. Una negociación de principios es una estrategia que cambia la defensa de posturas polarizadas por la idea de lograr los intereses, intentando que la relación entre los oponentes no se deteriore. Negociar bien implica que ninguna de las partes engañe, haga trampa, manipule o se aproveche de la otra. Cada vez que surge un desacuerdo en el ámbito familiar, laboral o social, las relaciones corren el riesgo de deteriorarse si no se hace algo al respecto. Hay distintas maneras de resolver los inevitables conflictos. Una de ellas es callarse y hundirse de morros en la rabia pasiva, otra el modo agresivo y hostil que no tiene en cuenta la supervivencia de la relación, y por último la negociación efectiva en la que todos obtienen algo positivo para sus intereses. Existen tres maneras de negociar: Principios básicos para una buena negociación. La negociación es una habilidad de comunicación muy importante entre las destrezas básicas de una pareja, familia, entorno laboral y cualquier convivencia. La armonía de cualquier asociación depende sobre todo de la capacidad de resolver conflictos, incluso más que de la personalidad de sus componentes. Para eso se han propuesto unas reglas básicas a tener en mente para prepararse correctamente para una negociación.
Pasos a seguir en la solución de un conflicto.
Segundo paso: entender la postura del otro. Pactar un tiempo “sin interrupción” para plantear la postura de cada uno. El otro solo puede pedir aclaraciones. En este paso se puede descubrir si solo ha sido un malentendido, indica que hay un compromiso para gestionar el conflicto de un modo colaborador, se demuestra el respeto por el otro, se reduce la agresividad al poder explicarse cada uno y se piensa más racionalmente. En este punto se recomiendan estas tácticas:
Tercer paso: Definir el problema. En el paso anterior cada una de las parte tiene su propia definición del problema. En este punto la tarea es intentar llegar a una definición mutuamente aceptable del problema. Estas son las habilidades requeridas para definir problemas:
Cuarto paso: buscar y evaluar soluciones alternativas.
Quinto paso: llegar a acuerdos, implementarlos y probar la mejor solución. Si fuera necesario, volver a negociar.
Despieces finales La negociación es exitosa si ambas partes:
7 Mandamientos para un buen resultado.
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Mi amigo era un psiquiatra “ high achiever”, aquél que siempre se ponía el listón más alto para poder disfrutar superándolo. Obsesivo y perfeccionista, condiciones que hasta la fecha le habían hecho actuar bastante correctamente y controlar todas las situaciones de modo exhaustivo. Por supuesto tenía un super CV , las mejores notas, y todos los triunfos académicos y profesionales esperables para alguien de su edad.