Isabel Larraburu

Elegir pareja. Magazine. La Vanguardia. PDF Imprimir E-mail

Si en anteriores artículos hablábamos del declive de las relaciones y de la supervivencia después del ocaso de un proyecto amoroso, en esta ocasión nos vamos a dedicar a la prevención de tanta aflicción recomendando procedimientos para optimizar la elección del compañero cuando aún se está  tiempo. Actualmente no es infrecuente encontrarse más de una vez en la vida en la tesitura de tener que decidir si una persona es o no compatible con nosotros. Muchas veces las uniones se van haciendo camino al andar. Por ejemplo,

cena, atracción física, una noche juntos, un fin de semana juntos, olvido del cepillo de dientes en la casa del otro, luego ropa interior de repuesto, y sin que se haya planeado nada, alguno de los dos “se va quedando” en la casa del otro. Las personas implicadas es posible que ni se paren a pensar en los efectos y conveniencia a largo plazo de unirse a alguien. A medida que corre el tiempo las uniones se van haciendo más comprometidas y lo que no se valoró en un buen comienzo se valora cuando ya es tarde y los sentimientos de apego son más evidentes. Vivimos en una época fuertemente marcada por el hedonismo y la inmediatez, en la que muchos se identifican con el estilo “carpe diem”, vivir el momento. No obstante, como psicólogos clínicos también recibimos en consulta a personas que solicitan una opinión “experta” sobre la pareja que están conociendo con el fin de saber “otra opinión” y no equivocarse demasiado. En otras ocasiones, nuestro trabajo consiste en repasar retrospectivamente con el paciente su finiquitada relación con la idea de identificar la causa del fracaso para no volver a cometer los mismos errores. A veces no alcanzamos a ayudarles a no cometer errores distintos.

No hace muchos años, la forma habitual de encontrar pareja era mediante las relaciones sociales, en el trabajo, la universidad, las fiestas, las vacaciones, los cursos de cocina, paseando al perro y demás. En los tiempos que corren, el conocimiento entre las personas a través de Internet está acrecentando exponencialmente las probabilidades de encontrar una pareja afín. Estamos hablando de números. Esto deja a merced de los propios recursos realizar la selección y optimizar la búsqueda del amor de tal forma que el problema pasa a ser cómo no equivocarse ante el exceso de oferta. Si antes podíamos elegir aproximadamente entre 5 y 10 nuevos conocidos con opción a ser pareja por año, por ejemplo, ahora podemos llegar a conocer hasta 50 o más potenciales parejas, gracias a los contactos por la red. De este modo, ya no esperamos que el Universo elija por nosotros, ni tampoco podemos culparlo de nuestros errores, sino que nos vemos en la situación de tener que realizar la “selección de personal” de modo artesanal.
De ahí que nos centremos en esta ocasión en ciertos recordatorios que podrían evitar llantos y devoluciones a posteriori, cuando ya el desamor ha rasguñado nuestra carcasa.

Para no equivocarse más.

Para evaluar el potencial de entendimiento con una pareja posible y estimar en cierta medida los puntos de compatibilidad, proponemos este test. Sería conveniente que ambos respondieran y puntuaran las afirmaciones de 1 a 5.
Nunca 1     2     3     4     5 Siempre.
Posteriormente se recomienda comparar las puntuaciones de los dos.

  1. Centro de atención. Cuando estamos hablando, centro mi atención en ti  y me dispongo a escucharte.
  2. Responsabilidad. Reconozco mis pensamientos, sentimientos y opiniones como míos y no como la verdad absoluta. No te responsabilizo de mis sentimientos.
  3. Franqueza. Te hago saber de modo directo cuáles son mis pensamientos y sentimientos. Pido lo que quiero y evito el sarcasmo y los sermones.
  4. Escuchar. Escucho atentamente lo que dices y te pido que me aclares lo que no entiendo para no malinterpretar.
  5. Comprensión. No hago suposiciones sobre lo que piensas o sientes.
  6. Actitud positiva. Te respeto como persona y aprecio tu manera de ser, tus ideas y tus experiencias.
  7. Auto apertura. Expreso abiertamente lo que pienso, siento y  quiero. Puedo hablar de mis puntos fuertes y también de los débiles aunque no me guste.
  8. Inmediatez. Te digo a menudo lo que me gusta y lo que no me gusta de  nuestra relación.
  9. Realismo. Reconozco que podemos tener puntos de vista diferentes y lo acepto sin intentar cambiarte a ti ni tu opinión.
  10. Buena voluntad y respeto. Digo lo que creo, siento y quiero sin tratar de intimidarte, presionarte ni manipularte. Quiero que seas claro si no estamos de acuerdo.

 

No existe una pareja perfecta para cada uno.

Partiendo de la base de que no existe la pareja perfecta, ni una media naranja nuestra perdida por el mundo, creemos que puede haber muchas personas con las que podemos entendernos como pareja. Es importante tener en cuenta que no existen parejas clónicas que piensen igual en todo. La armonía de una pareja a largo plazo, o su compatibilidad, dependen más bien de la capacidad de los dos de solucionar problemas y resolver conflictos. Cuánto más sepan de esto las dos personas, mejor va a ser la pareja que formen. Esto quiere decir que con algunas personas nos será más fácil que con otras el consensuar y llegar a acuerdos. Quizá habría que hablar más bien de similitudes y complementariedades. Se ha demostrado que es más prometedor ser más similar a la pareja que complementario. La cualidad de complementario proporciona chispa e interés, pero las similitudes deberían superar el 60% de los valores y características de personalidad.

Elegir bien un compañero para crear una relación ideal.

Podemos sentirnos atraídos hacia alguien por una gran variedad de razones. Puede ser que la persona nos recuerde a alguien del pasado, o que se muestre muy generosa haciéndonos sentir especiales, o nos aporte solaz después de una ruptura o nos atraiga sexualmente. Es importante saber distinguir entre los factores que son importantes a corto plazo y los que son importantes a largo.
A la hora de formar pareja todos queremos más o menos lo mismo: que ésta sea gratificante para los dos y que nos compense más que estar solos. Deseamos una pareja que disfrute de una verdadera conexión. Algunos lo logran de un modo inconsciente, pero la mayoría necesita tener en cuenta estos recordatorios de un modo consciente.

  1. La elección del compañero debería ser similar a la de un amigo: su carácter, personalidad, valores, generosidad de espíritu, coherencia entre lo que dice y lo que hace y su relación con otras personas.
  2. Habría que conocer las creencias del compañero sobre las relaciones. Existen muchas maneras de enfocar las relaciones de pareja. En los tiempos que vivimos, habría que contemplar nuevas fórmulas como la de “amigos con derecho a roce”, que por su frecuencia entre solteros y nuevos solteros habría que tener en cuenta. Esta fórmula no equivale a una relación comprometida y exclusiva, aunque implica relaciones sexuales y amistad.
  3. No habría que confundir atracción sexual con amor. Parece una obviedad, no obstante, al principio de las relaciones esta confusión puede ocurrir.
  4. Dejar atrás el pasado. Con esto decimos resentimientos, heridas y miedos que pueden derivarse de un modelo familiar o de una anterior relación. No hacer bandera de las heridas ni hacer cargar con ellas a la nueva relación. Por ejemplo, no elegir lo opuesto ni tampoco demasiado similar a alguien que nos hirió. Las dos opciones implican no haber dejado atrás el pasado y dejar que este influya en la decisión del presente.
  5. Identificar los propios patrones de conducta en una relación. Aceptar que si una relación anterior no funcionó, tenemos el 50% de responsabilidad. Saber en qué nos equivocamos para no repetirlo en una nueva relación. Ser consciente de las propias ideas sobre las relaciones.
  6. Percatarnos de nuestras necesidades y darlas a conocer a la pareja. A veces el temor nos impide manifestar lo que  necesitamos al otro. Esto suele evolucionar hacia la decepción y  la rabia hacia la pareja porque ella no nos da lo que queremos ya que no se lo hemos hecho saber. No es posible obtener intimidad y complicidad sin honestidad. Y la pareja no es un adivino. Este es un punto muy importante porque las necesidades a corto y a largo plazo que tenemos son el criterio más básico para elegir a una persona como compañero. Elegir pensando solamente en las necesidades a corto plazo hará que la pareja no perdure en el tiempo. Las necesidades a corto plazo son aquello que nos hace falta ahora y las necesidades a largo plazo son aquellas que siempre tendremos.
  7. Tener capacidad potencial para formar equipo. Esto quiere decir dos individuos que aportan perspectivas y activos diferentes. Para algunos expertos en relaciones de pareja, como Diane Sollee, el valor de un equipo lo conforman las diferencias.
  8. Establecer límites. En una relación de pareja, los límites crean autoestima y respeto por parte del otro. Establecer límites implica no permitir ciertas situaciones inadmisibles aún a costa de perder la relación. Si estos se desvanecen, hasta el mejor de los compañeros puede actuar sin querer de modo desconsiderado. Por ejemplo, una pareja con buena base es aquella que se construye con el principio de la equidad y equilibrio de poder. Cuando una persona cede ante pequeños “abusos”, como por ejemplo, que el otro no llame cuando se compromete a hacerlo, que la desdeñe ante los demás, que el otro coquetee ostensiblemente con otras personas o que actúe con desconsideración, la balanza de poder se desequilibra. Si no se reacciona ante eso, se crean precedentes que repercutirán por fuerza en la relación a largo plazo. Detectar a tiempo el traspaso de los límites ayuda a reconocer a una pareja que no conviene. El compañero no deseable suele traspasar los límites en un estadio muy temprano de la relación. Con esta conducta se puede detectar a tiempo al compañero erróneo.
  9. Tener definida nuestra pareja ideal. Para definir la verdadera pareja ideal y el compañero que conviene, habría que preguntarse no lo que se desea sino lo que se necesita. ¿Qué es aquello que no podemos prescindir en una relación? ¿Qué necesitamos de una pareja en el día a día? ¿Qué necesitamos para crecer como personas? Es importante no confundir estas respuestas con nuestras fantasías. Hablamos de qué necesitamos, no del príncipe o de la princesa de nuestros sueños. Una vez que tenemos clara la relación que queremos tener, valorar si la persona que queremos es capaz de crearla conjuntamente con nosotros.
  10. Ser felices aún estando solos. Por último, antes de crear una “pareja ideal” es conveniente vivir el tipo de vida que queremos vivir. Tener claro dónde queremos vivir, el tipo de trabajo que nos gusta realizar, las aficiones que queremos tener y disfrutar de los afectos que nos gratifican y enriquecen personalmente. Una vez que somos felices en nuestra propia vida ahora mismo y nos preparamos para un futuro igual de feliz, a la vuelta de la esquina podremos encontrar al compañero afín. Y si no lo encontramos, seguiremos siendo felices.

 

 

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