| Gratitud. Grateful heart. |
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Magazine La Vanguardia Gracias a la vida. El quejumbroso y el agradecido. Dos paseantes se cruzan regularmente por el parque donde pasean a sus perritos. Como es habitual en el submundo de los amantes de los perros, los viandantes siempre se saludan e intercambian algunas palabras. El contenido de la conversación suele ser de baja intimidad, como ocurre en los ascensores, donde todos saben que la interacción va a tener una duración estimada previsible, que debe incluir saludo, comentario y despedida. Los dos caminantes exhiben expresiones faciales opuestas: uno de ellos presenta un ademán distendido y la mirada agradecida mientras el otro, de gesto adusto, parece enfadado y a la espera de poder desbravarse ante el primer interlocutor que encuentre. No es que el quejoso esté siempre enfadado cada vez que pasea, pero la expresión ya se le ha quedado adherida a la cara, de modo que hasta cuando está contento, su sonrisa no luce y parece una fea mueca. Sus arrugas le fueron labrando la piel a partir de su estado anímico más habitual: el ánimo quejumbroso. Estas se dibujan con dos rayas verticales en el entrecejo y dos flechas señalando hacia abajo en las comisuras de los labios. El diálogo entre ellos suele realizarse de este modo: -“¡Hola! ¡Buenos días!” Las razones del ingrato. Corren tiempos en que las cualidades que trascienden la inmediata obtención de provecho personal pasan sus peores momentos. Parece que están mucho mejor vistas las virtudes que potencian el yo individual y la propia autonomía. Por eso, el sentir y expresar gratitud se considera una bondad menor, sin demasiado “glamour”, demasiado relacionada con los dogmas religiosos de las iglesias establecidas dominantes. En nuestra sociedad secular y laica, esta emoción o virtud se entiende más por el lado negativo: sentirse en deuda con alguien, estar en posición de receptor que tiene la obligación moral de retribuir o que es mejor no aceptar favores para no sentirse obligado. La exigencia de devolver favores puede producir emociones negativas en ciertas personas, hasta el punto de provocar sentimientos de rabia y aversión hacia aquellos que les hacen un bien. También es prevalente la idea de que un favor se debe pagar, es decir, la compraventa de favores.
El médico y ensayista José María Dermit explica las razones del ingrato mediante un proceso psicológico llamado “proyección”, que conforma la manera de pensar del “desabrido” tal como se expresa él: “La persona tiende a atribuir a los demás las cualidades y los defectos que él mismo tiene. Así pues, el desabrido está inclinado a ver a aquella persona simpática con la cual se encuentra con desconfianza o recelo: < Ser agradecido produce felicidad. Es muy propia de nuestros tiempos la convicción de haber nacido con merecimientos innatos, con derechos propios desde antes de nacer. Sin embargo, los psicólogos positivos Robert A. Emmons y Michael E. McCullough (autores del libro “The psychology of Gratitude”), que trabajan en el desarrollo de las fortalezas humanas que generan felicidad, han comprobado que ser agradecido produce bienestar, mejor salud y mayor rendimiento intelectual en las personas. (Ver artículo publicado en el Magazine sobre la felicidad (fecha?)
Emmons y sus colegas han comprobado que la gratitud, a la que definen como un sentimiento de asombro, agradecimiento y apreciación de la vida, es más que una emoción placentera o una expresión de buena educación. Es, esencialmente, una actitud personal básica que produce felicidad, salud, plenitud y longevidad. Aprender a saborear la vida. Las personas pueden aprender a interpretar de un modo positivo las experiencias diarias mediante la habilidad de fijarse, apreciar y saborear cada acontecimiento. Nuestra sociedad, que nos mima con el consumo y con la satisfacción inmediata de cualquier deseo, produce una adaptación (o tolerancia, si admitimos un término asociado a las adicciones) que genera cada vez más infelicidad. De hecho, algunos investigadores afirman que el consumismo es un “inhibidor de la felicidad”. Gratitud en la adversidad. Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien. Y lo que parece bueno a primera vista puede ser perjudicial. Siempre existen motivos para estar agradecidos, incluso en condiciones adversas. Anthony de Mello, psicólogo, jesuita y teólogo cuya obra es una síntesis entre la tradición cristiana, budista y sufí, cuenta esta historia en su primer libro: Sádhana. Isabel s. larraburu
Despiece “Pasan muchas cosas en nuestra vida, grandes o pequeñas, por las cuáles uno puede estar agradecido. Piense en la semana pasada y escriba en el papel cinco hechos de su vida por las que se siente agradecido.” (Las personas que hicieron el ejercicio de gratitud a diario obtuvieron más beneficios que los que lo hicieron semanalmente, según los autores del estudio).
Despiece Cuestionario de gratitud. Robert A. Emmons Rodee con un círculo la puntuación que se aplica a su grado de conformidad ante cada afirmación. Debe fijarse en que el orden de la puntuación está al revés en las afirmaciones E y F.
1 2 3 4 5 6 7 7. = muy en desacuerdo E. Cuando miro el mundo, no veo mucho por lo que haya que agradecer. 1 2 3 4 5 6 7 Ahora sume las puntuaciones de los seis ítems. El número debería estar situado entre seis y cuarenta y dos. (Recuerde que en los ítems E y F, los números están invertidos). Cuanto más alta sea su puntuación, mayor es su sentimiento de gratitud. Beneficios de la actitud agradecida. (Investigaciones recientes de Emmons y colegas)
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Mi amigo era un psiquiatra “ high achiever”, aquél que siempre se ponía el listón más alto para poder disfrutar superándolo. Obsesivo y perfeccionista, condiciones que hasta la fecha le habían hecho actuar bastante correctamente y controlar todas las situaciones de modo exhaustivo. Por supuesto tenía un super CV , las mejores notas, y todos los triunfos académicos y profesionales esperables para alguien de su edad.